viernes, 21 de diciembre de 2007

Paseo por las Alpujarras Granadinas


Están situadas en la cara Sur de Sierra Nevada, en un emplazamiento espectacular, pues en días de absoluta claridad, desde lo alto pueden verse tanto el mar como el pico más alto de la peninsula.
Mi paseo de fin de semana fue por los tres pueblos que se situan a un lado del Barranco Poqueira, que segun cuentan es donde se aparece el alma de una princesa morisca que encanta a los viajeros, entre otras leyendas de este tipo.
A mí no me encantó precisamente el alma de la princesa en cuestión, sino el pasear por las calles de los pueblos que rodean al barranco: Pampaneira, Bubión y Capileira, donde el tiempo se relaja y se respiran los aires provenientes de las más altas cumbres de Sierra Nevada.

A modo de ejemplo, este es un sendero que baja desde Capileira a Bubión, de unos 2 o 3 Km, de poca dificultad, pero precioso. Estaba todo de color anaranjado, y había muchas castañas por el suelo, le llaman el sendero de los castaños centenarios, y deben serlo a juzgar por lo inmensos que son.



Desde varios lugares, se podían divisar las cimas del Mulhacen y del Veleta, aunque con poca nieve.






Por último, y para acabar de desestresarnos, decidimos hacer una visita al Monasterio Budista de O'Sel Ling, lugar donde, por los años 80 estuvo viviendo el niño alpujarreño Lama Osel. Está al otro lado del barranco, con vistas impresionantes. Un paseo por allí y te quedas impregnada de su espiritualidad, reina la paz y el silencio. Te metes en su Bompa (como una capillita en la religion catolica) a meditar (yo en mi caso, solo intento poner la mente en blanco), y sales renovado. Si váis , no os lo perdáis, es una experiencia que merece la pena.






NOTA: una escapadita de estas cada dos o tres meses como mínimo es más que recomendable

domingo, 16 de diciembre de 2007

Enfermeras. Sin vacuna contra la ira

Articulo aparecido en un periodico de hoy

El tipo, rojo como un tomate y descompuesto después de escupir «hijas de puta» y otras lindezas mezcladas con perdigones de baba, se toma un par de segundos, mira con odio a las enfermeras y se pasa el dedo índice por el cuello. Éstas llaman a seguridad del hospital y acuden un par de vigilantes jurados. El agresor vuelve rabioso a la habitación donde está su hermano ingresado. «Quería que le cambiáramos la cuña, pero estábamos agobiadas con otras tareas más urgentes. Le pedimos que tuviera un poco de paciencia». No era la primera vez que el sujeto insultaba al personal de este hospital madrileño, pero nunca había llegado tan lejos, a las amenazas de muerte. Horas después se oyó una escandalera al final del pasillo. El tipo y su pariente rodaban por el suelo enzarzados en una pelea. Tuvo que acudir la Policía nacional y llevárselo. Una de las enfermeras estuvo varios días de baja a causa de un ataque de nervios.

El caso no tiene la categoría de noticia. Probablemente, ni de chisme de hospital. Como mucho se comentó durante un par de días en la planta y se fue apagando, como un eco. Porque es el pan nuestro de cada día para miles de profesionales españoles de este sector. Según un reciente estudio del Consejo General de Enfermería, un 33 por 100 ha sufrido una agresión física o verbal en los últimos doce meses. En concreto, 2.998 enfermeros fueron atacados físicamente en este periodo. Los responsables han sido los propios pacientes (47,3 por 100 de los casos), sus familiares y acompañantes (49,8) y otros individuos sin identificar (2,9). Las causas más citadas, la frustración de no ver satisfechas sus expectativas de atención sanitaria en cuanto a tiempos y pruebas (41 por 100), el desacuerdo en valoraciones o diagnósticos (27) y la no aceptación por parte del personal de demandas específicas (12).
Recursos y formación
«Hay un problema de fondo importante: la frustrada posibilidad de conseguir un derecho de forma inmediata», señala José Ángel Rodríguez, vicepresidente del Consejo General de Enfermería. «El nivel de exigencia de los usuarios españoles ha subido mucho en los últimos años sin que los recursos hayan mejorado en la misma proporción. De todos modos, eso no justifica las agresiones». La tensión se hace más dramática en el servicio de urgencias, donde se mezclan pacientes con patología banal con otros que sufren «averías» serias. Un panorama clásico en los hospitales de nuestro país. El atasco termina por cabrear a la gente, que pide atención inmediata. «Es preciso montar un buen sistema de información que tranquilice a los pacientes y sus familiares. Cambiar el modelo. Eso requiere invertir en la formación de las enfermeras», continúa Rodríguez. «Al mismo tiempo, mejorar los sistemas de seguridad, con cámaras y efectivos de vigilancia. No es de recibo que haya individuos que quieran fumar en urgencias junto a bombonas de oxígeno y monten una bronca cuando les llamas la atención. Por desgracia, la respuesta de las administraciones es más bien fría. Hasta que no haya una desgracia no se producirá una reacción».
La epidemia del «mobbing»
El psicólogo sueco Heinz Leymann, uno de los grandes gurús del «psicoterror laboral» (hasta su muerte, en 1999, atendió a casi un millar de víctimas), realizó el siguiente diagnóstico: «En las sociedades de nuestro mundo occidental altamente industrializado, el lugar de trabajo constituye el último campo de batalla en el que una persona puede matar a otra sin ningún riesgo de llegar a ser procesada en un tribunal». A las agresiones al personal sanitario hay que añadir una lacra que ha adquirido la categoría de epidemia: el «mobbing». Hace un lustro, el informe Cisneros III, realizado por la Universidad de Alcalá de Henares y el Sindicato de Enfermería (SATSE), revelaba que una de cada tres enfermeras era víctima de acoso; el 80 por 100 decía padecer problemas físicos por este motivo, y un 32 por 100 refería secuelas graves o muy graves para su salud. El caos organizativo, el peso específico que tienen las mujeres en esta profesión (con una proporción de 9 a 1 con respecto a los hombres que, por cierto, también están en la línea de fuego) y la dependencia jerárquica múltiple son factores que explican el hostigamiento.
«Las cosas están igual, o peor», reconoce Iñaki Piñuel, autor de «Mobbing. Cómo sobrevivir al acoso psicológico en el trabajo» (Sal Terrae) y director de los informes Cisneros. «Un sanitario atenazado por el miedo no funciona bien, su cerebro sufre un cortocircuito, una «indefensión aprendida»: se sabe a merced de cualquiera y su sistema nervioso está siempre en alerta». Al contrario de lo que pudiera parecer, el «mobbing» no lo sufren los mediocres, sino los brillantes. «Los psicópatas organizacionales van a por los que no son sumisos, los librepensadores, los solidarios, los carismáticos. Las enfermeras, al desarrollar una labor asistencial y humanitaria, tienen una actitud conciliadora; no desarrollan barreras. Son víctimas perfectas. El hostigador se las arregla para enconar a todos contra uno: a ése envidiamos, a ése odiamos», añade Piñuel. A veces jefes, habitualmente compañeros, siempre manipuladores que actúan en la sombra, estos individuos sin escrúpulos ningunean, aíslan, asignan misiones sin sentido, cargan de trabajo (o todo lo contrario), gritan, insultan, se mofan... para tapar sus propias deficiencias.
Iñaki Guerrero, psicólogo especializado en «mobbing», habla de una terrible espiral: «Las víctimas creen que nadie es perfecto, buscan las razones de sus fallos, aumenta la ansiedad, disminuye el rendimiento, cometen más errores... Lo esencial para escapar es creer, primero, que ellas no tienen la culpa; después deben controlar las emociones, evitar las reacciones violentas e intentar trasladar la inseguridad al acosador».
Protocolo anti violencia
Hasta aquí, el rearme moral. ¿Y qué hay de la extirpación del tumor? «Las organizaciones tienen que implementar protocolos anti violencia partiendo del principio de tolerancia cero. Es la única forma de acabar con la impunidad de los acosadores», propone Piñuel. «Allí donde se imponen medidas de sanción a los culpables -incluyendo los cómplices y testigos silenciosos- y de protección a las víctimas, los casos caen a cero, porque los malos podrán ser muy malos, pero no son tontos». La Ley de Igualdad de Género aprobada en marzo obliga a estos protocolos. Además, el Gobierno maneja un borrador de la reforma del Código Penal para tipificar el delito de acoso psicológico en el trabajo, que incluye penas de cárcel y de inhabilitación profesional. Pero falta pasar del papel a la decisión.
Entretanto, detrás de la inicial M se esconde una tragedia real: «Trabajaba en un organismo público. A causa del brutal acoso sufrido a manos de mis compañeros tuve varios accidentes laborales y fui expulsada. No hubo evaluación de riesgo: simplemente fui considerada una persona inestable, casi una lunática. Ahora estoy en tratamiento psicológico por estrés postraumático y he puesto una demanda a la empresa: quiero reivindicarme como profesional. Quiero recuperar mi empleo. Lo hago por mí y por otros estigmatizados que eran los mejores, los más trabajadores».


POR MIGUEL ÁNGEL BARROSO



A mi entender, creo que cada vez más se van denunciando situaciones de este tipo, nosotros mismos vamos tomando conciencia de que esto ocurre, nos vamos despertando del "esto hay qe aguantarlo, pues son cosas que siempre han pasado". Esto es bueno, debemos darnos cuenta de que estas cosas que vemos que ocurren a nuestro alrededor, nos pueden ocurrir más cerca de lo que desearamos, por ello hay que protocolizar actuaciones e investigar para realizar acciones de prevencion de la agresividad, tanto por parte de personas externas como por parte de compañeros, gestores, etc , tal y como se menciona en el articulo.

sábado, 15 de diciembre de 2007

Error sanitario

¿Que hay de verdad en todo esto? ¿Que hay de leyenda? ¿Podemos mejorar nuestras actuaciones dentro de las circunstancias que nos rodean?

Tu opinión importa




El 'error' sanitario, una de las principales vías de transmisión del virus de la hepatitis C Es una realidad ante la que no hay que taparse los ojos. Lo dicen los expertos que han constatado que ingresar en un hospital representa un riesgo claro de contraer este patógeno. La presión asistencial y el descuido en el cumplimiento de las normas de higiene están en la raíz de la mayoría de los contagios
ISABEL PERANCHO

El hospital no es un entorno saludable; es algo conocido. Y también que una visita a este tipo de recintos puede dejar de recuerdo un nuevo patógeno, sobre todo bacterias, en el organismo. Pero a muchos lectores les sorprenderá saber que el riesgo de contraer un virus como el que causa la hepatitis C (VHC) en el medio sanitario es más elevado de lo que se presupone, como acaba de demostrar una investigación realizada en 18 centros hospitalarios de Barcelona, Granada y Valencia. Tras rastrear el origen de 109 nuevos casos de infección por el VHC, acaecidos entre los años 1998 y 2005, la conclusión fue que la fuente del contagio del 73% de ellos estuvo en una intervención quirúrgica, un acto médico urgente, terapias como la hemodiálisis o en procedimientos diagnósticos o terapéuticos.

El departamento de Salud de la Generalitat de Cataluña dió la pasada semana por cerrada la investigación que se inició en marzo en el Hospital Vall d’Hebrón de Barcelona tras detectarse un brote de infección por el virus C de la hepatitis en una unidad de hemodiálisis infantil. Tres niños de edades comprendidas entre los tres y los 12 años contrajeron el patógeno, que causa una infección crónica en más del 70% de los casos e incrementa el riesgo de desarrollar una cirrosis hepática con los años.

Otros 18 menores tratados en el mismo recinto, en el que anualmente se llevan a cabo 1.800 sesiones de diálisis en cinco máquinas, fueron sometidos a análisis para rastrear la presencia del patógeno con resultado negativo. Se sabe que el origen de la infección fue otro niño portador del virus que se trataba en el mismo centro.

La pregunta de cómo un agente que sólo se transmite por vía sanguínea, sexual o vertical (de madre a hijo en el parto) pudo vencer las estrictas medidas de seguridad que se siguen en este tipo de dispositivos para evitar contagios y logró saltar a otros pacientes sanos ha quedado sin respuesta. «Un error involuntario pero desconocido», declaró al referirse al caso la consejera de Salud, Marina Geli.

¿Desconocido? En los últimos 15 casos, las revistas médicas han publicado más de 600 referencias sobre episodios de contagio intrahospitalario del virus de la hepatitis C a nivel mundial. Casi todos atribuibles, como el de Barcelona, a violaciones involuntarias de los protocolos de seguridad que deben regir las actuaciones sanitarias.

«¿Cuántos artículos más de este tipo necesitamos para reconocer nuestro fallo a la hora de cumplir los principios fundamentales de asepsia?», se pregunta Miriam Alter, antigua responsable de hepatitis víricas del Centro de Control y Prevención de las Enfermedades (CDC) de EEUU, en el editorial que comenta esta semana la publicación del estudio español sobre el contagio de virus C en 18 hospitales nacionales. «Es nuestra responsabilidad garantizar que la asistencia sanitaria no es un vehículo para la transmisión del VHC u otros patógenos infecciosos», afirma rotunda.

Pero los expertos aseguran que el riesgo cero no existe. «Es algo inevitable», observa Miquel Bruguera, hepatólogo del Hospital Clínic de Barcelona y presidente del Colegio Oficial de Médicos de esta ciudad. Cada día se realizan en los centros sanitarios miles y miles de actos médicos que representan una potencial amenaza para la salud de los pacientes ingresados: cirugías, procedimientos diagnósticos y terapéuticos invasivos, inoculaciones parenterales, uso de instrumentos potencialmente contaminados, enfermeras con guantes manchados de sangre que se descuidan al desecharlos... «En el ambiente sanitario es más fácil la transmisión de virus porque hay más personas infectadas que en la calle», advierte.

Sabe lo que dice, el equipo de Hepatología que Bruguera dirige en el Clínic lideró la investigación, publicada el lunes en 'The Journal of Hepatology', que constata que estos accidentes se producen con una frecuencia mayor de la esperada. Dos de cada tres nuevos casos de infección aguda registrados en los servicios de Hepatología de 15 hospitales de Barcelona, dos de Valencia y uno de Granada durante un periodo de ocho años eran atribuibles a contagios nosocomiales (intrahospital).

Después de descartar otras posibles vías de adquisición, como la sexual, haber sido transfundido o usuario de drogas por vía intravenosa o haber sufrido un pinchazo accidental con una aguja contaminada, la única razón plausible para explicar la presencia del virus en 73 de los 109 pacientes infectados investigados (es decir, del 67%) fue que habían tenido algún ingreso hospitalario en los meses previos.

De hecho, la transmisión sanitaria fue, con creces, la principal fuente de contagio entre las personas que acudían a consultar al especialista. «Eso no significa que sea la primera vía en la población general, ya que muchos no visitan al médico durante años», matiza Xavier Forns, especialista senior de Hepatología del Clínic.


ALERTA
Este profesional lanza una advertencia a sus colegas sanitarios: «es una realidad ante la que no hay que taparse los ojos». Dos años antes, Forns firmaba otro artículo en la revista 'Hepatology' que ya alertaba sobre la necesidad de extremar sus precauciones frente al virus C. En esta ocasión, se siguió durante dos años a más de un millar de pacientes ingresados por dolencias hepáticas en el centro catalán . Una de las causas habituales de daño en este órgano es precisamente el microorganismo, por lo que la prevalencia de infectados en estas unidades alcanza el 50%.

Pues bien, enfermos portadores del VHC y pacientes 'vírgenes' al patógeno compartían habitación y les atendía el mismo equipo de enfermería. Éste había sido avisado de la investigación, así que el personal sabía que debía extremar la cautela. A pesar de ello, seis personas se infectaron.

Los análisis genéticos del virus permitieron deducir que la fuente del contagio había sido un compañero de habitación portador del virus o el hecho de compartir enfermera con un seropositivo. Pero ¿cómo ocurrió la transmisión?

El motivo último, cuándo y por qué mecanismo se produjo el descuido, no pudo ser claramente despejado, pero se detectaron algunas violaciones en los procedimientos de seguridad del centro: fallos al cambiar de guantes o lavarse las manos antes de atender a otro paciente, errores al desechar la punta de catéteres intravenosos y al esterilizar torniquetes tras una analítica sanguínea. Se comprobó, también, que algún paciente podía haber compartido utensilios de higiene personal, como maquinillas de afeitar o cepillos de dientes, inadvertidamente.

Si la tasa de infecciones registrada en este estudio se extrapolara al total de ingresos en el citado servicio, la cifra de contagios potenciales sería de 12 casos por cada cien pacientes admitidos cada año.

Los autores identificaron una serie de factores que incrementan el riesgo de contagio en estas unidades: «Aumenta cuanto mayor es la estancia en el hospital, si el compañero es VHC positivo y es más frecuente en los que se someten a mayor número de procedimientos invasivos», destaca Forns.

El trabajo concluyó con la recomendación de aislar físicamente a los portadores del VHC y disuadir al personal de enfermería de atender simultáneamente a pacientes seropositivos y seronegativos.

Son algunas de las precauciones que ido adoptando paulatinamente las unidades de hemodiálisis españolas, una de las áreas hospitalarias, junto con oncología y hematología, de mayor riesgo de adquisición del virus de la hepatitis C, en este caso por la manipulación continua de la sangre.

Sin embargo, el cumplimiento de estas recomendaciones no es generalizado. A diferencia de los infectados por otro virus de la hepatitis, el B, que son considerados mucho más infectivos y se tratan de forma aislada, los portadores del C no siempre reciben una atención diferenciada. «En función de los recursos de cada centro, unos los separan por salas, por turnos [los pacientes VHC positivos no coinciden en horario con los negativos] o distribuyéndolos en lados distintos en el mismo recinto», indica Antonio Ochando, enfermero de hemodiálisis colaborador de la Fundación Renal Alcer.

La presencia del virus C en los pacientes sometidos a hemodiálisis se chequea periódicamente. Para ello se realizan controles analíticos con distinta periodicidad (mensual, trimestral o semestral, según el centro). «Una elevación de las transaminasas [enzimas hepáticas] nos debe poner en alerta y extremar las precauciones», explica Guillermina Barril, nefrólogo del Hospital de La Princesa de Madrid.

Sin embargo, la confirmación de un posible contagio no siempre se produce con la celeridad deseada: pueden transcurrir varios días o semanas, hasta obtener los resultados virológicos. Otra circunstancia que impide identificar una nueva infección con prontitud es que ésta puede manifestarse en el periodo entre dos controles analíticos. Este factor explica también por qué es tan complejo rastrear 'a posteriori' cómo se produjo la contaminación.


ESTRÉS ASISTENCIAL
Lo cierto es que la tasa de infección entre los enfermos renales con terapia sustitutiva siempre ha sido muy superior a la de la población general. Mientras en los últimos no llega al 3% en los primeros rondaba el 10% en 2005, según la información que recaban desde 1991 más de un centenar de hospitales españoles que participan en un estudio de vigilancia epidemiológica sobre el VHC en hemodiálisis. Las cosas han mejorado mucho en los últimos años, afirma Barril,coordinadora del trabajo: «En 1991, el 36% de los pacientes en hemodiálisis era seropositivo».

No obstante, todavía entre un 8% y un 11% de los enfermos que inicia tratamiento llega con el virus en su organismo. A pesar de los controles, el riesgo es inevitable. «La tasa de nuevos contagios es de un 0,1%», señala Barril.

Para contrarrestarlo, los expertos abogan por no bajar la guardia en el cumplimiento de las medidas de seguridad. «El personal suele ser muy sensible y muy prudente, pero a veces es difícil mantener la alerta cuando hay muchas rotaciones de personal y gente nueva», considera Ochando. «En situaciones de mucha presión y estrés asistencial, el peligro aumenta», asiente Barril. Por eso, como apostilla Forns, «hay que insistir y recordar constantemente la observancia extrema de los protocolos».



Vías de contagio en el hospital



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Una infección tratable al cumplir seis años

La prevalencia de la infección por el virus de la hepatitis C en niños es menos de la mitad que en la población adulta. «Es baja, ronda el 1% y en el 90% de los casos la transmisión se produce de madre a hijo, en el momento del parto», señala Paloma Jara, jefe del servicio de Hepatología del Hospital Infantil La Paz de Madrid. La incidencia de contagios de origen desconocido en población pediátrica no supera el 4%. A nivel general, el riesgo de transmitir el patógeno durante el alumbramiento es del 5% al 7%. La infección aguda no da síntomas en el bebé y la única señal de su presencia puede ser unas cifras elevadas de enzimas hepáticas (transaminasas).
«Durante la infancia, es benigna y los niños están clínicamente bien, pero hasta que no cumplen tres años no podemos hacer nada más que esperar, ya que a esa edad el virus se negativiza de forma espontánea en un 30% de los casos», dice la hepatóloga. Al igual que en los adultos, la infección se hace crónica en el 70% restante, sin embargo, en los menores el tratamiento antiviral se demora hasta que cumplen seis o siete años para evitar efectos adversos. «En función del genotipo del virus responde entre el 50% [tipo1] y el 100% [2 y 3]», añade. El riesgo de desarrollar una cirrosis con el tiempo es la principal complicación cuando los fármacos fallan, aunque la evolución es desigual. «Unos tardan más que otros. Tras 28 años algunos siguen bien», asegura Jara.



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LOS ESCONDITES DEL VHC

El análisis de los casos de infección intrahospitalaria del virus C ocurridos a nivel mundial en los últimos años dan cuenta de qué tipo de áreas y de actividades médicas representan un mayor riesgo para los pacientes:
Inyecciones terapéuticas inseguras: Es la principal fuente de transmisión nosocomial de este patógeno. Hay distintas situaciones en las que el uso inadecuado de jeringuillas puede plantear problemas: utilizar viales multidosis de los que se extrae medicación para varios pacientes consecutivos o bolsas de suero en los que se reinsertan agujas; usar la misma jeringa para administrar fármacos intravenosos a varios pacientes o dispositivos para medir con un pinchazo en el dedo el nivel de glucosa de varios enfermos...

Tipos de procedimientos: Se han notificado casos por el uso de técnicas endoscópicas, colonoscopia, escleroterapia de venas varicosas, estudios de farmacocinética y varios errores en procedimientos quirúrgicos y de anestesia.
Higiene: Más que al tratamiento o la cirugía en sí, muchos contagios se deben a fallos en la asepsia al preparar o administrar inyecciones a partir de viales multidosis.
Zonas de riesgo: Las salas de hemodiálisis figuran en lugar preferente, pero hay otras como oncología y hematología, el área quirúrgica, sala de urgencias, cardiología y digestivo.


Noticia publicada por EL MUNDO el 15/12/2007

viernes, 14 de diciembre de 2007

martes, 11 de diciembre de 2007

Alarma social











Hace unos días, hemos estado recibiendo noticias de un Hospital en el cual ha habido un contagio de Hepatitis C en una sala de hemodialisis. No doy más datos, pues es del dominio publico por los medios de comunicación.
Se ha creado una gran alarma social.
Se asumen riesgos, los del famoso "error humano" para unos, los "riesgos que conlleva el tratamiento", para otros; pasando por "falta de personal", "fallo en los protocolos", y miles de sugerencias de este estilo.
Llevo leyendo sobre el tema casi todo lo que está saliendo y NADIE ha mencionado "accion correctora".
No se sabe la causa exacta , se utiliza el termino "multicausal", pero yo me hago la siguiente pregunta: ¿podría haberse evitado? .
Creo que cada uno de nosotros, los que trabajamos en esto, somos responsables de nuestras actuaciones, por lo que debemos poner todo nuestro empeño en realizarlas lo mejor posible con los medios de que disponemos. Si no disponemos de medios, o los que tenemos no nos parecen los adecuados, o los protocolos de nuestra unidad no se ajustan a los establecidos, ya sea por obsoletos, no actualizados, o cualquier causa, es nuestra responsabilidad comunicarlo y si procede, efectuar una accion correctora para mejorar nuestras actuaciones. ESTA SÍ ES NUESTRA RESPONSABILIDAD, NOS GUSTE O NO. De nada sirve lavarnos las manos alegando que "siempre se ha hecho así, sabiendo que no está bien hecho, y cuando digo bien digo perfecto dentro de nuestras posibilidades.
Esta noticia me ha afectado , como podréis comprobar, y me ha hecho reflexionar en que tenemos que seguir mejorando nuestra manera de trabajar, seguir difundiendo nuestros conocimientos, es nuestra obligacion el no quedarnos atrás , pues nuestra profesion es demasiado hermosa para realizarla de manera banal.









miércoles, 5 de diciembre de 2007

Regala una sonrisa

Hoy en dia estamos todos ocupados, cabreados, con prisas y a lo nuestro. Poco a poco vamos perdiendo la capacidad de divertirnos, de disfrutar con las cosas sencillas y sólo nos ocupamos en consumir, en tener más que el otro,en vivir en tal o cual sitio, etc. Esto se refleja a la hora de trabajar. A veces, no ponemos todo nuestro empeño en lo que haccemos, lo hacemos para quitar tareas de enmedio sin pensar en la utilidad de lo que realizamos, ni que a menudo en nuestra profesion las tareas van dirigidas directamente a los pacientes.
Cada vez más, en los manuales de estilo y similares, se pide sonreir. Sí, sonreir, qué cosa más simple, pero que efectiva.
Es un tópico, pero ahora que llega la Navidad (personalmente soy de la opinión de que no hace falta que sea Navidad para hacer ciertas cosas, pero utilizaré este viejo truco), aprovechemos todos para regalar sonrisas a diestro y siniestro , pues a veces hacen mucho más efectos a todos que los lexatines, trankimazines, Tranxiliums, y demás drogas de este tipo.

domingo, 2 de diciembre de 2007

UNA TONTERIA PARA DISTRACCION DEL PERSONAL

A ver quien es capaz de ganarle a este buen hombre.... porque yo no.

Para los que no sepan ni papa de inglés; reglas
hay que ir eliminando bolitas de la mano de este buen hombre , solo se pueden eliminar cada turno bolas de una sola fila. Pierde el que se quede con la ultima bolita y gana pues.. este buen hombre siempre. ( o casi siempre).

Pearls Before Swine (1ª Parte)
Elimina las bolitas que tiene en la mano, el que se quede con la última bola pierde

martes, 27 de noviembre de 2007

LECCION DE ANATOMIA SEGÚN AGUSTIN JIMENEZ

Hoy me he encontrado una cosa por ahi para partirse, acerca del cuerpo humano.
Autentica lección de anatomia. Aquí va esta joya.

Que lo disfrutéis.

lunes, 26 de noviembre de 2007

PREVENCION DE LA VIOLENCIA EN CENTROS SANITARIOS

Parece que la sociedad se está empezando a dar cuenta de la problematica que sufrimos los sanitarios en nuestros centros de trabajo, cada vez se leen más articulos al respecto, y quiero creer que se está comenzando a hacer algo por parte de la Administración Pública.
Al parecer, lo detectado ya constituye un problema, y como tal, además de atajarlo según protocolos establecidos en nuestras comunidades autonomas, hospitales, centros de salud y demás, se debe hacer hincapié en la concienciacion de la sociedad como usuarios que somos todos del sistema sanitario y así poder realizar una buena campaña de prevención.
A modo de ejemplo, la Junta de Andalucía ha lanzado una campaña audiovisual para reforzar nuestra imagen ante los usuarios. Se llama ‘Tu salud es lo que nos importa’ y en el siguiente link se encuentran los videos y spots radiofonicos


http://www.juntadeandalucia.es/servicioandaluzdesalud/principal/documentosAcc.asp?pagina=gr_spotsTV



Por otro lado, los trabajdores ya no nos quedamos callados, estamos comenzando a denunciar situaciones de agresividad y violencia de este tipo, cada vez más en las noticias de los periódicos se hacen menciones a sucesos de esta índole, ya no vale esconderse, ni agachar la cabeza, ni evadirse del problema diciendo que "esto es lo que ha pasado siempre y forma parte del riesgo de nuestra profesion", estamos para otra cosa, para atender las necesidades de los usuarios bajo un clima lo más cordial respetuoso y confortable posible y nuestro deber es poner todo el empeño para que situaciones de violencia y agresividad en general no enturbien el ámbito de trabajo, pues ello va en perjucio de los propios usuarios.

martes, 20 de noviembre de 2007

Hay que reforzar la seguridad en los centros sanitarios?

Interesante debate en la cadena SER sobre el tema



http://www.cadenaser.com/hora-25/audios/hay-reforzar-seguridad-centros-sanitarios/csrcsrpor/20071120csrcsr_20/Aes/

lunes, 19 de noviembre de 2007

Por qué no te callas ?


Sí, por qué no te callas?
A veces dan ganas de decirlo, y acompañado por algún que otro taco bien dicho, pero tenemos que guardar la compostura. No está bonito ni es de persona respetuosa andar diciendo barbaridades por medio de de los pasillos de un hospital, sobre todo de un HOSPITAL GRANDE.
A veces viene algún Señor/a Dr./a Don/a Fulanito de nosequién a tocarte las narices.
Sobre todo si son de la ultima generación de Doctorcitos-sin idea- prepotentes- con megacochazo por supuesto, que pululan por los hospitales solamente desprestigiando al resto de compañeros, ya sean sus propios compañeros de estamento (bueno, menos, ya que el corporativismo está muy arraigado entre el estamento medico), y sobre todo a la enfermería.
- Señorita, le he dicho que a esta paciente se le debe de poner en la habitación ya! - nosotros nos callamos porque no merece la pena comenzar una discusión que no va a ninguna parte y sabemos que si la paciente no está en la habitación YA es porque la paciente anterior (la cual tiene el alta hace solo 15 minutos) todavía está esperando a que venga su familia a ayudarla a recoger sus cosas.

_ Señorita ! este paciente debe de recibir tratamiento aquí en esta sala y no en otra .
_ Lo siento,pero es en la otra, aquí no hay sitio.
_ Y quien ha dicho eso?
-¿ Ha hablado con su compañero? - y sabes perfectamente que su compañero te ha ordenado todo lo contrario el día anterior, pero como no se hablan entre ellos, no existe la comunicacion de tales ordenes, ni el consenso, ni la puesta en común, el trabajo en equipo brilla por su ausencia.
_ Este paciente recibe el tratamiento aquí porque lo ordeno yo!
Entonces te vienen a la cabeza aquellas fotos de una cena del servicio con el tal Don con una borrachera de campeonato ( y yo pensando: claro, si estos niñatos de ahora no saben beber), y también te viene a la cabeza el mes pasado, que salió huyendo y se metió en su despacho porque un paciente se le puso agresivo .
Te vienen a la mente un montón de escenas y piensas, "qué infeliz"; y entonces, en vez de seguirle el rollo y mordiéndote la lengua para no soltarle un
POR QUE NO TE CALLAS
respiras hondo, cuentas hasta 20 y llamas a tu supervisora para que lo aclare todo

miércoles, 31 de octubre de 2007

CARTA A CIERT@S COMPAÑER@S

Estimad@ compañer@:

Me dirijo a ti por medio de esta breve misiva para hacerte saber algo que puede que no se te haya pasado por la cabeza, al estar siempre tan liad@ con tus cosas; o lo mismo en un claro en tus asuntos te has parado un poco a pensarlo.

• En primer lugar, quiero que sepas que no me caes mal del todo, incluso a veces me caes hasta bien, depende también del día que yo lleve.

• En segundo lugar quiero decirte que cada vez aguanto menos tus salidas , pues estos ratos me quedo haciendo tu trabajo, que si no es trabajo físico , es trabajo de vigilancia de los pacientes, con sus complicaciones o no complicaciones, el mero hecho de hacer notar nuestra presencia ya es una labor importante, aunque tú no lo veas así.

• Estoy harta de oírte decir “ que mañana tan buena hemos tenido” o “ el turno no ha estado tan mal”, sabiendo que me llevo a casa un dolor de espalda por hacer parte de tu trabajo y sabiendo que tus pacientes no han estado tan bien como tú te crees que han estado, aunque tú que vas a saber , si has pasado todo el turno saliendo y entrando…

• Quiero comunicarte que mi mal humor que manifiesto últimamente en parte se debe a tu “no presencia” cuando te toca trabajar conmigo en el turno, por las razones antes mencionadas.

• También si me ves mas irritada puede ser porque yo no fumo, y me gustaría fumar, beber, o tener cualquier vicio licito para disfrutar de una excusa valida y salir a tomar el aire de vez en cuando , aunque creo que mi de vez en cuando no serían mas de dos veces en el turno, no cada 20 minutos . aprovecho para avisarte de que fumar perjudica gravemente la salud (del que tiene que padecer a un@ compañer@ de trabajo que fuma tantísimo).

• Quiero que sepas asimismo que cuando te tiro “indirectas” al respecto, sé perfectamente que estás haciendo oídos sordos a lo que te digo, y que sé que utilizas el método “la mejor defensa es un buen ataque”.

• Por ultimo, quiero añadir que no es mal compañero el que se queja a su superior de un compOrtamiento de este tipo , sino el que tiene este comportamiento en sí.


Sin más que añadir se despide de ti atentamente

TU SUFRIDA COMPAÑERA

jueves, 25 de octubre de 2007

DETALLES DE HUMANIDAD

Hola gente.
En primer lugar agradecer el apoyo ofrecido en el comentario anterior del personal de un Hospital que he oído nombrar y que no está muy lejos de aquí (NOTA: hoy os escribo desde Júpiter).
En segundo lugar, hoy me apetece narrar una historia que me ocurrió hace mucho , muchísimo tiempo en otro Hospital, no tan grande como el que trabajo ahora, sino un poco más pequeño.
Andaba yo hace algunos años trabajando en una planta de hospitalización, en turno rotatorio.
También andaba yo recién incorporada de una larga baja por enfermedad. Había estado enferma unos seis meses o así , a causa de un traumatismo. Había estado las ultimas semanas deseando incorporarme al trabajo, pues notaba que me faltaba algo, el relacionarme con los pacientes y compañeros, ese "sentirse útil" del que hablan algunos jubilados. Algo parecido me estaba pasando las últimas semanas.
Me incorporaba un martes por la noche, me acuerdo perfectamente.
Allí estaban "mis niñas", mis compis de toda la vida, las cuales habían visto nacer a mis hijos, hacerme mayor, me habían soportado mis momentos malos y se habían reído en las horas tontas de hacer un poco el payaso. Muchos años con ellas. No existía la rutina ni las caras largas, un perfecto equipo. Me atrevería a decir como una "familia". Desde aquí les dedico un beso enorme.
Siempre me ha gustado, después de coger el relevo darme una vueltecita por la planta para ver las caras de los pacientes, presentarme a los que no me conocen y tomar un poco de contacto con el turno. Esto no me lleva más de diez o quince minutos, y todos lo agradecemos. Pues dando esta vuelta de reconocimiento, como en la Formula 1, ví a un paciente que parecía preocupado. No lo conocía , no había estado ingresado allí otras veces. Era una planta de enfermos crónicos, pero éste era de cardiología y estaba allí porque no había camas en su servicio.
Le pregunté si le ocurría algo y me contestó que no le dolía nada, pero que me lo agradecía de todos modos.
_ No me refiero a dolor. Solo que le noto preocupado, ¿Puedo ayudarle?.
Los ojos del pacientes se iluminaron y cambió el gesto.
_ Mire señorita: ingresé aquí la semana pasada por un dolor en el pecho, me vio el medico y me dijo que me iban a estudiar y hacerme unas pruebas. Me hicieron unas pruebas y no dieron nada. Me ha dicho el medico que tengo que hacerme otras, probablemente esta semana. La verdad es que estoy asustado porque no sé que pruebas van a hacerme, si duelen o si son peligrosas. Iba a preguntarlo, pero es que os veo tan ocupadas a vosotras y a los médicos que no encuentro la oportunidad.
Le dije que no se preocupara. Que aunque en ese momento no podía porque tenía que tomar las constantes y poner la medicación, que luego volvería a la habitación a informarle de lo que pudiera. Que tardaría como una hora o así, si no se presentaba ningún imprevisto.
Me dieron las gracias el paciente y su señora.
Volví luego a tomarle la tension y a recordarle que pasaría a informarle en cuanto pudiera.
Cuando terminé, me leí la historia del paciente con más profundidad. Tenía cursada una coronariografía, y se la harían el lunes proximo.
Volví a la habitación, le expliqué al paciente y su señora lo que le iban a hacer, les expliqué también que para algunas de las pruebas se necesitaba que firmara un consentimiento, todo lo que estuvo en mi mano le expliqué. Le dije que cualquier duda que tuviera, la preguntara, que no se quedara con ella, al médico, a las enfermeras, a quien fuera, pero que preguntara porque una de nuestras funciones es informar al paciente.
Todo esto le sirvió más que un tranquilizante.
Le pregunté si necesitaba algo más.
_ Sí, me gustaría hacerle una pregunta.
_ pregunte _ le dije.
_¿ Es usted nueva? Es que no la había visto por aquí.
_ Como si lo fuera, porque precisamente hoy me acabo de incorporar de una baja.
_ Pues doy las gracias a Dios y a su médico por haberla puesto a trabajar esta noche.Muchas gracias por todo, no se imagina lo que me ha ayudado _ y me dedicaron los dos la mejor de sus sonrisas.
Volví al estar de enfermeras emocionada como una novata. Todavia me emociono un poco al recordarlo.
Esa noche recuerdo que fue un poco agitada, nos llegaron ingresos un poco complicados, en fin una moche movidita, pero para mí fue una de las noches que tardaré en olvidar.

lunes, 15 de octubre de 2007

ESE RIESGO LLAMADO VANIDAD

Hoy me dirijo a quien me lea para pensar un poquito en el titulo de la entrada, Vanidad.
Cuando ante todo pones la vanidad, pierdes la noción del deber, de lo que está bien y mal, de lo que es urgente y de lo que es menos urgente.
Hace pocos días me ocurrió un caso, no muy diferente de los que suelen ocurrir en este hospital grande donde estoy trabajando, con tantos Dones y Doñas.
Nos llaman a la unidad para comunicarnos que sube un paciente. Nos llama el medico que estaba de guardia. Sábado : 8:30 AM
Protocolo de situación de urgencia: tener todo preparado para atender al paciente en cuanto llegue.
Tiempo de preparación : 10 minutos desde que el medico nos llamó.
¿Cuando va a venir el paciente? tenemos todo preparado y sólo esperamos que llegue.
Nos dicen desde urgencias que no tenían la orden medica.
Llamamos al medico _ por cierto, era otro que acababa de cambiar la guardia .
Se oían de fondo unos cuchicheos: oye, que me dicen que el paciente que iba a subir no puede subir, porque no sé que ha pasado.
Nuevos cuchicheos de fondo: pues di les que les digan que he dicho que el paciente debe subir.
_ Oye, llama a urgencias y diles que lo suban _ me ordena el medico.

Como mi vanidad para estos casos la guardo en un cajon y como lo más importante era que por fin subiera el paciente, llamé a urgencias.

_ Mira, que me ha dicho el medico de mi unidad que suba el paciente.
_ Yo no tengo la orden, así que no me atrevo a mandartelo. Voy a localizar a alguien de por aquí a ver qué dicen .
_ Ok, yo también localizaré de nuevo al medico para que os dé la orden para que este señor suba de una vez.
Nada,me he psopuesto no sacar mi vanidad del cajón hasta no acabar el turno por lo menos, por el bien de todos.
Llamo de nuevo al medico de mi Unidad.
_ Me dicen en urgnecias que no tienen la orden para que este paciente suba. ¿Podría llamar de nuevo? Me parece que ha habido un malentendido.
_ Lo siento, pero he llamado hace un rato y no pienso volver a hacerlo.
_ Pero ..... supongamos que es un malentendido , este paciente está todavía en urgencias...
_ Lo siento, ya he llamado, y debe subir.
Aquí ya me comienzo a cabrear, me pongo en el lugar del paciente, sin saber nada de esta absurda conversacion telefonica, en urgencias, en una camilla, sin saber si sube , si se queda alli, si le dan el alta...
_ Pues algo habrá que hacer, de momento, yo lo dejaré escrito por si ocurre algo, y, por supuesto, haré todo lo que esté en mi mano para que suba este paciente lo antes posible.
Benditas palabras magicas : dejar escrito algo, Uf! Es como lo de "que conste en acta".
A los diez minutos, el paciente estaba por fin con nosotros recibiendo su tratamiento, eso sí, a las 10 y media de la mañana.
Maldita vanidad. Pensadlo un poco.

miércoles, 10 de octubre de 2007

REFLEXION TRAS EL ENFADO

Bueno, he vuelto después de haber estado unos días en periodo de reflexión.En la ultima entrada, andaba un poco quemada con la falta de personal del hospital, la mala gestión y las poquísimas ganas de trabajar en condiciones de algunas personas, entre las cuales no me gustaría llegar a incluirme. Por el camino reivindicativo, hemos conseguido algo, en cuanto a la falta de personal, en el momento oportuno, tras comunicar con cierto grado de vehemencia a los cuatro vientos que nos habían dejado bajo mínimos no cumpliendo la norma que exige un cierto numero de enfermeros para cierto numero de pacientes - me da pena hablar de números sobre todo cuando se trata de pacientes, pero así está estipulado para poder medirlos- en fin, que tras un pataleo con razón, no ha sucedido más hasta el momento.

Lo realmente triste es que si no pataleas, no te oyen. Lo de "el que no llora no mama", y "se atiende antes al que mas chilla". Es triste. Cada uno tiene que luchar por lo estrictamente suyo; nadie mueve un dedo si no es en pro de sus intereses, ya sean personales, profesionales, o por pura dignidad.
De acuerdo, hay que hacerlo. Pero, cuando te topas con una panda de pusilánimes que les da igual ocho que ochenta y solo vienen a echar unas cuantas horas en el hospital cansándose lo menos posible, generando y teniendo los menos problemas posibles ¿qué? ¿Sus pacientes pagan el pato de la "no calidad"?
He leído hace poco un articulo en un periódico de Málaga. Los enfermeros de oncología denuncian la falta de personal y la escasez de camas.
Por lo visto, parece que a la escasez de camas se ha unido la existencia de una habitación cerrada a cal y canto a modo de consulta, la cual no utiliza nadie y los pacientes mientras tanto, no pudiendo ingresar en su planta y teniendo que ingresar en otras plantas distintas con distinto personal.
Yo trabajo con pacientes crónicos y puedo imaginarme lo que les puede pasar por su cabeza cada vez que los ingresan en una planta desconocida, no están sus médicos especialistas, con unas personas desconocidas, que no saben a priori su nombre, ni sus manías, ni puedes desahogarte con ellos, no porque sean mejor ni peor que sus enfermeros, " su gente " nos llaman los nuestros; sino porque no les conocen lo suficiente como para saber de ellos cosas que " su gente " saben a fuerza de luchar mucho con ellos. Y pudiendo estar ocupando dos camas los 365 días del año, esa habitación la ocupan papeles (por lo visto); es absurdo.
Pues pienso que así sí se reivindican las cosas, si no responden a tus demandas y sabes que tienes razón, a los medios directamente.
http://www.diariosur.es/20071003/malaga/enfermeros-denuncian-escasez-camas-20071003.html

Puede sonar fuerte, pero a veces hay que hacer así; se puede estar un día, a ver que pasa, que si hoy no se puede, que si ya está hablado, que si el problema se va a solucionar...
A veces oyes esto y da la impresión que tus superiores te están dando largas, no ves los resultados pronto y te cabreas, sobre todo cuando ves que la cosa va de mal en peor.
Supongo que estar a cargo de una unidad o de una planta no debe de ser fácil. Lo miramos desde abajo, solo nos miramos nuestros propios ombligos y vemos nuestro problema, no los problemas que quizás se les plantean a ellos desde el escalón de arriba.
En realidad, no sé bien qué hay de cierto en una perspectiva o en la otra.
Por eso he estado meditando un poco sobre este tipo de situaciones y he llegado a una conclusión: aunque voy a seguir reivindicando todo lo que a mi juicio esté mal, puesto que en nuestra buena labor está en juego el bienestar del paciente, sí que puedo no cabrearme tanto y seguir trabajando lo mejor que pueda. Las energías que gasto en enfadarme visceralmente puedo utilizarlas haciendo mi trabajo mejor, incluso con pocos medios, o falta de personal y todas las trabas que a veces nos encontramos en nuestra profesión.
Eso será lo que haré: seguir trabajando lo mejor que pueda, que eso sí se me da bien y no me daña a mi salud; aunque sin dejar de pedir al resto de las personas que forman parte de la comunidad sanitaria que también hagan su trabajo lo mejor que puedan.

lunes, 1 de octubre de 2007

Cuando te sientes desprotegido...

Hola, de nuevo os saludo desde el anonimato.
¿Qué hacer cuando uno se siente desprotegido en una situación de sobrecarga?
Mejor dicho: cómo salir de una situación en la que sabes que o te mueves deprisa y te enfrentas al sistema, o no puedes proteger a tus intereses.
Me explico: supongamos una de estas situaciones. Suelen pasar a menudo en los hospitales grandes (léase diferencias entre hospital grande y gran hospital , escrito el día anterior).
En estos hospitales grandes, donde la organización es tan compleja, tanto que no la entienden ni los propios organizadores de la misma, se dan situaciones en las que los intereses van variando según la manera de realizar las peticiones y según la persona que las realice.
El otro día sin ir más lejos, y seguro que a alguien le sonará o habrá vivido algo parecido.
Esto de "me voy a llevar de aquí a un enfermero por un rato, que en la planta tal están desbordados", sabiendo el supervisor de guardia que si se lo lleva, la planta o unidad que se queda desbordada es precisamente la unidad de la que ha sacado el enfermero en cuestión; y sabiendo además que no es para un rato, que es para no traerlo más.
Y ya no digamos si se trata de un servicio o unidad con características especiales.
Esto de "desvestir un santo para vestir a otro" algunos cargos, jefes o lo que sean, lo llevan a rajatabla. Su prioridad parece (y no quiero pensar mal) es echar las horas de la guardia lo mejor posible, y sin meterse en muchos berenjenales, que la tarde o noche es muy larga y pueden suceder muchas cosas.
Pues no lo dejamos, se llevó al enfermero, y tanto insistimos, tantas fueron las llamadas de teléfono, las presiones, incluso las amenazas solapadas, que tuvo que rectificar, tarde, pero rectificó. Puede que esto nos traiga represalias de algún tipo, con la organización o con el estamento médico, o que sé yo , pero lo bien que te sientes cuando ves que lo que has conseguido es lo justo, no tiene precio.
Al principio de mi reflexión he citado a "mis intereses". Puedo parecer cargante, o demagoga, pero mis intereses más defendibles son los propios pacientes, esos que en la cama , con sus agujas pinchadas, y sin enterarse de mucho, todo les parece bien, si lo dice el medico, estará bien; si hay que tomarse esta medicación o hacerse tal o cual prueba, es que es necesario.
Benditos ellos, no saben cuan difícil es en ocasiones tratarlos como deben ser tratados.
Si yo estoy desprotegida frente al sistema, ellos también. Si el sistema no me deja hacer mi labor con profesionalidad, no puedo atenderlos con la profesionalidad que se merecen. Me gustaría tener los medios necesarios, los conocimientos necesarios, las instalaciones necesarias, no las tengo.
Pero desde aquí pido al sistema que me deje tener la dignidad profesional necesaria para poder atender a mis pacientes como se merecen; y si para conseguir esto me tengo que pelear con el sistema, que vayan preparando el ring, pues quedan más asaltos.
Hasta mañana.

viernes, 28 de septiembre de 2007

Cómo trabajar de enfermera y no quemarse en tres días


Me presento:
Mi nombre es Romudea (no es mi nombre real, por supuesto); como os habréis imaginado, soy enfermera y trabajo de enfermera en un hospital grande, que no es lo mismo que un gran hospital.
Algunos os preguntaréis: ¿pero da igual una cosa que otra? Bendita inocencia. Me recuerda esto a un anuncio que oigo a menudo por la radio (no me acuerdo qué anuncia). Comparan una casa grande y se oye a una persona diciendo ¡Hola! y solamente le responde su propio eco. En la gran casa se oye de fondo el murmullo de gente, de un hogar.
Esto me pasa a veces en el hospital grande donde trabajo. Algunos días tengo la sensación de que sólo oigo y me oye mi propio eco .
Me refiero a eso que sucede cuando estás trabajando, sabiendo que estás haciendo algo bien; pero miras alrededor y te das cuenta de que nadie se fija, absolutamente nadie repara en tu esfuerzo; es más, puede hasta que tengas la impresión de que estás haciendo algo indebido, pues no puedes sentar precedente esforzándote por algo que, o no sirve para mucho, pues las circunstancias no acompañan (ej. Trabajando con pacientes terminales), o sirve a tu parecer, pero desde dentro te están presionando de modo subliminal para que sigas en la mediocridad.
Pero sigo haciendólo lo mejor que puedo, me ayuda saber que el que está en la cama lo agradece aunque siga estrellándome contra los mismos muros.
Ese ¡Hola!¿Hay alguien?
Estas situaciones un día y otro, y otro, llegan a cansar.
No suelo quemarme fácilmente; pero llega un momento en que notas que estás más irritable, que todo te molesta, que no eres capaz de rendir como antes. ¿Será esto el famoso Burn-Out que dicen?
Tenía dos opciones claras: o coger la baja por depre (no es mi estilo), o mantener la ilusión por el trabajo.
Pensé en hacer una web para expresarme, y para que las personas como yo tuvieran un pequeño habitáculo donde charlar de nuestras cosas.
Tenía una idea en la cabeza: montar la web para enfermeros inquietos de modo informal, para recopilar experiencias, sabidurías y desahogos varios.
Me fui a un diseñador y le expliqué lo que quería:
- ¿sabes lo que estás pidiéndome? Meterse con la Administración Pública puede acarrearte problemas. - me dijo.
_ No voy a meterme con nadie, sólo voy a expresar mi sentimiento .
_ Mejor que lo expreses en otro lugar, pues existen muchas trabas legales.- y me aconsejó crearme un blog .
No sé cuánto tiempo aguantaré conservando el anonimato, pues lo mío no es esconderme tras un seudónimo, pero si la cosa funciona así y ante lo novata que soy en estos lares, eso haré.

En fin, que esto ha sido todo por hoy, presentarme y explicar qué hago aquí.
Muchas gracias por leerme y hasta mañana.