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sábado, 25 de abril de 2015

Námaste






Este es mi homenaje a esa cuidad y a sus gentes , precioso lugar , al que algún día tengo que volver. 












Ahora, tras unos minutos de reflexión al leer la noticia del terremoto y tras haberme tranquilizado algo, me vienen recuerdos de cuando estuve allí , en Katmandú , la preciosa y ahora sufrida Katmandú. 

Me asaltan imágenes de aquel viaje:  fotografías que llevo dentro desde entonces, sensaciones que he ido interiorizado a lo largo de estos años. La preciosa cuidad, lo que allí se respiraba , su gente .... Námaste ... sonriendo siempre. Su gente ... 
No voy a describir un viaje, ni siquiera una visita a ese lugar , no es mi idea hacer eso . No voy a colocar fotos espectaculares, no son los edificios, ni el colorido, ni siquiera los olores a especias, a té con manteca de yak, es otra cosa ... Quiero describir las emociones escondidas , pero no me salen las palabras sin sentir la tristeza de ahora o, tal vez, la nostalgia desde que volví que hoy ha salido a flote de golpe. 

Tengo que hacer, aunque me cueste, esto. Se lo debo a las gentes que tanto me enseñaron. 

Katmandú no es una cuidad , no es un emplazamiento al lado de los Himalayas , para mí no lo es. Admito que cuando comencé el viaje, esperaba ver , como lo ví , una cuidad hermosa, y poco más. 
Me equivoqué. Katmandú es ella, es un todo formado por su gente y su paisaje, tomando vida por sí misma. 
Sigo con mis recuerdos y me viene el paseo para llegar a Kopan . Recuerdo que llovía y las calles estaban enfangadas y resbaladizas. No recuerdo qué hora era, pero cerca del mediodía , se veían  niñas uniformadas saliendo de algún instituto. A un lado, artesanos hilando en una especie de portal sin apenas muebles, era su casa , estaban descalzos, vestidos con harapos, delgados y muy ancianos; pero sonriendo , siempre .... Námaste. 
No es el "hola qué tal" nuestro, o alguna expresión occidental para saludo, ese Námaste , juntando las manos, no es una reverencia . ¿Hacerme una reverencia a mí? ¿ Qué les puedo ofrecer yo? Parece que no tienen nada, qué ilusa, tienen mucho que darme. Ese Námaste es mucho más que un saludo, es una ofrenda generosa que me hacen , junto con su amplia sonrisa. Nunca olvidaré esa sonrisa y nunca aprenderé a sonreír como lo hacen ellos. 
Ahora es de noche ,  lo sé porque está oscuro ,  y estoy en la calle principal, cerca de Thamel . Está oscuro, sí , pero no me importa, sé que si cruzo la carretera casi sin ver, no me pasará nada. Me adentro en una calle pequeñita y veo a unas personas bebiendo una especie de cerveza negra y riendo. Aquí no hace falta mucho para reírse. Es sano reírse , dicen ellos. Siempre hay algún motivo para la risa. Nuevamente , riendo , Námaste , al pasar a su lado. 

Vuelo a la plaza, ahora creo que es por la tarde y ha dejado de llover . Estoy tomándome un té con mis compañeros de viaje, y veo la gran estupa desde donde estoy sentada en algún lugar, arriba. Hace un par de días que ni me acuerdo de mirar el reloj. Aquí el tiempo se detiene, llevo tres días y parece como si hubiera nacido, o alguna parte de mi, en este lugar. Una señora mayor dándole de comer a unos pájaros. Me absorbe , no puedo evitar seguir mirándola, mientras que el resto de turistas miran las extrañas genuflexiones de los monjes al otro lado. Por un momento, siento envidia, quiero ser ella, saber todo lo que sabe ella. Bajo a la plaza, paso a su lado, y le digo Námaste . 
Ella me regala una sonrisa cargada de buenas intenciones; para mí, algo que me sirve hasta hoy en día de motor para aprender a ser como ella cuando vuelva a la realidad. 




Eso es Katmandú para mí , ni siquiera es un lugar como concepto , es algo más. 
Sé que se repondrán, que seguirán adelante  y que nunca, pase lo que pase, perderán la sonrisa. 




miércoles, 24 de octubre de 2012

Luces errantes




Tenemos la suerte de vivir en una relativa tranquilidad, nuestras casas, nuestras familias, nuestros trabajos o no trabajos. Si enfermamos, podemos ir al médico; si estamos angustiados, podemos salir a la calle a dar un paseo; si tenemos hambre, podemos comer.
Personas anónimas, de las que sólo conocemos su existencia a través de los telediarios, no gozan de esta suerte. Refugiados. Oímos esta palabra en las noticias y puede que meditemos durante un segundo, aunque la mayoría de las veces nos da igual, seguimos con nuestras vidas.
No he visto nunca un campo de refugiados, pero mis otros ojos si lo han visto en Dajla. Viven en una continua provisionalidad, sin saber si algún día podrán salir de allí, si su vida es esa o el destino les depara algo un poco mejor. Viven protegidos, eso sí, pero esto también es provisional. Nunca se sabe si atacarán y tendrán que marcharse.

He visto pueblos oprimidos en Tibet. Niños que juegan en la calle, con su hambre a cuestas. Juegan a juegos que hemos jugado nosotros de pequeños, no son tan distintos de nosotros. Agarran la cuerda de su cometa y sonríen. Te acercas a ellos y te regalan sus palabras entre risas inocentes. Les das una chocolatina y en vez de abrirla y comérsela la guardan para dársela a sus padres.
Entre tanta miseria poseen unos valores que nosotros, los del "mundo civilizado" hemos perdido hace muchísimos años.



Recuerdo haber estado jugando un buen rato con una niña en una aldea, en Dargen. La vi jugando y recordaba aquel juego cuando yo era una cría de ocho años. Me acerqué a ella y me puse a jugar con cinco piedrecitas a su lado. Cuando se dio cuenta de que jugábamos a lo mismo, me insinuó con una mirada que quería que jugáramos juntas. Estuvimos no sé cuanto tiempo jugando, pero se me pasó volando.
En medio de una aldea perdida en Tibet, jugando a un juego arcaico con una niña muerta de hambre.
Pensé en una especie de consultorio medico que estaban haciendo al lado, con escombros por todas partes porque no había más dinero. Deseé por un momento no volver a Málaga, quedarme allí a ayudar. Es una asignatura pendiente que tengo. Creo que ellos me darían más a mí que yo a ellos.

Luces errantes, pero no pierden las ganas de brillar. Aunque se los lleven los chinos a  hacer carreteras todos los días a golpe de metralleta, aunque la mayoría de los niños tengan quemaduras en las córneas a causa del sol a cinco mil metros, a pesar del hambre y la miseria  no dejan de sonreír.
Sé que nunca soltarán la cuerda de su cometa, ellos son mas fuertes que nosotros,  y puede que algún día el viento se convierta en una agradable brisa.

Esta canción de Ismael me ha traído todos estos recuerdos que, con el paso del tiempo, se iban relajando en mi memoria.


jueves, 25 de septiembre de 2008

Paseando por Oxford

Sólo oír la palabra Oxford, se me vienen a la mente un conglomerado de ideas. Lo relaciono con el color verde, con Harry Potter, con Newton, y sobre todo, con las matemáticas; bueno, a veces también con Fernando Alonso, pero esa es otra historia.
Si yo en mis tiempos hubiera tenido dinero, becas, enchufe o un mentor/a , puedo asegurar que hubiera sido una rata de biblioteca por allí, y teniendo en cuenta las bibliotecas que manejan esta gente , lo afirmo.


Una de las bibliotecas, diría que la más conocida de allí

Comunicaciones con Oxford desde Londres están muy bien, desde el típico autobús de semilujo para altas esferas estudiantiles con desayuno inglés incluido, zona wifi y demás; hasta el tren que sale cada hora para personal que no se pueda permitir lo anterior, pues vale uno el doble del otro.
Lo primero que ví cuando llegué fue un gran río, que me imaginaba con barquitas de remeros, como en las películas, compitiendo a todas horas. Es como si uno de allí viene a Andalucía y lo primero que espera es un torero y una tía bailando sevillanas.
Hay un río, sí, el río; pero es un gran aparcamiento de barcos-vivienda a la entrada de la ciudad, gente que opta por vivir en barcos. Allí en Reino Unido hubo una gran crisis por los 90, y hubo gente que se quedó en la calle por no poder pagar las hipotecas; mas o menos como pasará aquí si Don Euribor sigue en las alturas.
Hay barcos de todo tipo, más grandes, más pequeños, habitados, deshabitados, se ve ropa tendida, mesas con cosas, macetas, hogareños los barcos. Hablo de las afueras, cerca de la estación, donde parece un pueblo algo "rarito".
Nos vamos adentrando y ya van apareciendo poco a poco los colleges, algunos más pequeños, otros más grandes, están como mezclados, la mayoría, en las calles normales de ciudad. Yo me imaginaba un gran campus apartado del mundanal ruido, pero no es así. Allí hay centros comerciales, mercados, aparcamientos, pero se respira algo especial relacionado con la vida estudiantil.
Te cruzas con los turistas, pero también con alumnos de los distintos colleges, con su uniforme, su corbata y su insignia. Tiendas de plumas estilográficas, de bufandas y gorras, de mantitas de cuadros...

Matices religiosos se ven, los distintos colleges tienen nombre de santo la mayoría, y se ven iglesias pequeñitas con su parcelita para el descanso eterno en un jardincito anexo (o sea, cementerios, lugares que visito en todos los sitios donde voy si puedo) En el centro de la ciudad está la parte antigua, que eso sí es una ciudad universitaria propiamente dicha. La mayoría de los colleges no disponen de visitas gratuitas, y varios estaban cerrados por la mañana, por lo que no pudimos visitar por dentro casi ninguno. Coincidio, además, la feria de allí; yo creía que en Oxford no había feria, en el sentido más mundano de feria, pero allí estaban los caballitos, el martillo, los sillones que dan vueltas, como si fuera la feria de mi barrio, y en lugar de música renacentista, el "pachimba pachimba" de las atracciones, y el tío pregonando en inglés algo que podría traducirse como : "y a por otro Perrito Piloto, señora!". Pero en fín, supongo que esta gente también tienen derecho a tener su feria, aunque no pegue ni con cola.

Y con feria incluída y todo, pudimos disfrutar de lugares muy bellos.






Esta es una de las muchas fachadas que pueden verse , aunque no pude entrar en este, por fuera ya merece la pena









Por dentro, el cesped verde, la pared verde, todo verde. Me dieron ganas de coger los apuntes y tirarme allí con los papeles. No lo hice por tres razones: una, no tenía los apuntes, dos, ya me habia examinado, tres, prohibido pisar el cesped.



Este es el famoso St. Jhon's College, uno de los más grandes.

Como era ya hora de comer y hacía un poquito de hambre, nos fuimos andando hacia el río , en la zona donde hacen las regatas, y descubrimos un bar donde se reúnen los equipos de regatas, justo al lado de la orilla del río, con su embarcadero y sus cisnes; y comimos una carne en salsa con puré de patatas, hamburguesas, y cerveza, pues otra cosa no había, pero nos sentó muy bien al lado del agua y lo que sobró se lo echamos de comer a los cisnes.












Al terminar, fuimos subiendo y pasamos por el College donde se rodaron escenas de Harry Potter, el Christ Church, el edificio enorme, y unos jardines espectaculares
















Y abajo, el Magdalen College, otro de los más conocidos.


Detalles de la fachada de un "simple club privado de estudiantes".

Nos volvimos a Londres con un buen recuerdo, nunca hubiera pensado que Oxford era así. Hay que ir para verlo.


domingo, 21 de septiembre de 2008

Cinco días por Londres (primera parte)

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Siempre he pensado que los viajes se hacen para conocer sitios, y sigo pensándolo, por eso a veces mis escapadas se convierten en autenticas maratones de verlo todo, otras en cambio, de no hacer nada.
En esta escapada de sólo cinco días, he conocido en parte cómo viven los hijos de la Gran Bretaña, por decirlo así. Con su idioma, con sus libras esterlinas, con sus nublados, con sus lluvias, y su “humor inglés”.





1º Día
Con mucho sueño, y también, por qué no decirlo, muchísimo miedo irracional, me subí al avión que me llevaba directa a Londres. Cogí mi libro, lo abrí, lo cerré, miré a las alas del avión para ver sí en ellas se encontraban los famosos flag, y sobre todo, si podría ver desde donde me encontraba sentada si estos funcionaban.
Allí empezaron a dar las instrucciones en perfecto inglés, que yo no entendía, y cerré los ojos cuando el avión alcanzó la V1 (o velocidad de despegue). Es que con esto del miedo, nos hemos convertido en expertos de pacotilla en aviones.
Tras uno o varios sueñecitos, llegamos a Londres (Gatwick, a unos pocos Km de Londres).
Problema numero 1: las libras. 1 €= ℒ 1,38 era el cambio. Sobre la marcha me hice una regla matemática rápida para calcular de euros a libras y viceversa sin necesidad de coger la calculadora. Consejo numero uno: no calculéis en libras, pues la mente se nos va al cambio en euros uno a uno y es una falsedad que nos perjudica.
Una vez acomodados, dejadas las bolsas y demás, nos dispusimos a ir a Portobello Road, es una calle o conjunto de calles en el que ponen un mercadillo de antigüedades y curiosidades los sábados por la mañana.
El metro que lleva hacia allí es el Central con parada en Nothing Hill. Al llegar allí, me acordé de la película famosa, con sus casas con las escaleras en la puerta, y el bajo, con las rejas negras a la entrada.
Pasamos por la puerta de la casa donde vivió Orwell, tiene una placa en la pared y me entró como un escalofrío al pensar en los libros que había leído en mi adolescencia, 1984, Rebelión en la granja, y que releo de vez en cuando para no olvidarme.

Paseamos por Portobello, en tiendas donde venden cachivaches de todo tipo, puedes encontrarte desde un salacot de un safari, hasta raquetas de madera del año de María Castaña para andar por la nieve, pasando por un sinfín de cuberterías, platas, bandejas, de todos los modelos habidos y por haber.









Yo me compré solamente unos zapatos en una zapatería que tenía de todo, porque no paraba de llover y mis zapatos estaban empapados. Como pude, empecé hablando en inglés de Málaga, que no entendían, por supuesto, y terminé regateando el precio en italiano del norte.
Para comer, por allí había multitud de puestecillos de comida japonesa, india, mexicana, árabe, de frutas, de crepes, de pizzas, de todo, pero a cual más pésima, así que decidimos comer en un Hindú en Nothing Hill, donde comimos unas cosas muy picantes, con curry y no sé qué más, por un módico precio de ℒ32 (o sea, 44 € de nada).
El café nos lo tomamos por el camino, como acostumbran a hacer las gentes de allí. Llueva o no llueva, que casi siempre llueve, desayunan en la calle, comen en la calle, toman el café por la calle… Así que como “donde fueres haz lo que vieres” nos agenciamos unos cafés de medio litro en una take away de esas para llevar y a la calle con los cubos de café.



Fuimos luego a ver el estadio del Chelsea, ya que íbamos con niños futboleros y hay que respetar todos los gustos (incluido el mío que también soy futbolera). El, estadio, pues como todos los estadios, además jugaban fuera, pero los alrededores con unos bares donde se reúne la gente para ver deporte, futbol o lo que sea. Nos metimos en uno que estaban viendo rugby y estaba a rebosar.




Para finalizar la tarde, estuvimos paseando bajo las nubes y claros por Charing Cross, cerca de la City, donde paramos en un sitio que es famoso por allí, The Sherlock Holmes Inn, una taberna que está recreada en Sherlock Holmes muy cuidada . La foto corresponde a otro de los bares, con mucho colorido.




Paramos también en San Martin in The Fields, una iglesia donde por la tarde realizan ensayos de música y es una delicia sentarse en los bancos a escuchar música barroca muy buena. San Martin está en Trafalgar Square.

Día 2
Domingo, visita obligada a Camdem , otro mercadillo donde encuentras ropa, complementos, de lo más variopinto. Funciona los fines de semana sólo. Es el que se quemó en un incendio esta primavera pasada, creo que fue en esa fecha, pero ya no se nota.

Esta vez cogimos un autobús de estos de dos pisos que te dejaba allí.



Y allí había tiendas de todos los estilos, de goticos, de zapatos de plataforma, camisetas de lo más extrañas, sudaderas todavía más raras, con capucha que te cubría entera la cara y parecías una calavera, de ropa fluorescente…













Por la tarde, tras tomar un bus que llevaba de nuevo a la City, estuvimos viendo la Torre de Londres, nos encontramos con la vuelta ciclista a Reino Unido por allí, y fuimos dando un grandísimo paseo bordeando el Támesis hasta llegar al Big Ben, disfrutando de unas vistas impresionantes a pesar de los nublados.


Este es el puente más famoso que atraviesa el Támesis, The Tower Bridge (o puente de la torre en cristiano)


Aquí se ve la gran noria , London Eye (ojo de Londres en cristiano), donde se divisa toda la ciudad, va muy despacio, para delicia de las personas que quieran hacer fotos desde varias perspectivas.

y uno de los grandes edificios que bordean el rio, habia hoteles, museos, bancos...
y por fin, el Big Ben.


Para finalizar el día, paseamos hasta Picadilly Circus, donde hay multitud de tiendas y un gran centro de ocio para chavales, destacando con mucho el de Trocadero.
y caminando caminando, llegamos al Soho, que es el barrio chino de allí, muy pintoresco con sus olores a comida china y sus farolillos colgando, que cuando miramos arriba, caímos en la cuenta de que eran promoción de la película Kung Fu Panda, y nosotros que creíamos que estaban celebrando el cambio de era o vete tú a saber. Esta globalizacion...


Muy cerca del Soho, a dos pasos, literalmente hablando, está el Coven Garden teatro, y la zona de Coven Garden Market

un sitio con soportales, bares, puestos, que se va ambientando cayendo la tarde cuando cierran los museos y puedes encontrarte por allí desde un tío haciendo malabares hasta un cuarteto de cuerda buenísimo tocando en la calle.


Acabamos con los pies destrozados de tanto andar, pero callejeamos de lo lindo bajo la lluvia.
Al día siguiente fuimos a Oxford, pero eso lo cuento mañana.


sábado, 26 de julio de 2008

Escapada cultural a Almagro (lo que no dicen las agencias de viajes)

En Julio, cuando casi todos avarician el sol y la playa, los chiringuitos, las sombrillas y las tumbonas, decidimos escaparnos a ver el ambiente del Festival de Teatro Clásico de Almagro.
En un lugar de La Mancha, si señor, a unos 40 grados, y sin una sombra de árbol donde resguardarse. Pero si el festival es en pleno verano, ¿qué le vamos a hacer?Cogimos el coche y salimos "tempranito" (entre unas cosas y otras las 9 y media de la mañana) de Málaga, dispuestos a recorrer los 360 Km que nos separaban en unas 5 horas comida incluida.
Llegamos acorde nuestras previsiones.



Viernes, cuatro de la tarde, Almagro dormido, nadie por la calle.
Podemos ver tranquilamente su Plaza Mayor, donde se aloja el famoso Corral de Comedias,













pasear por sus calles vacías (a la sombra, por supuesto), tomarnos un café en el Parador, en la sala de las tinajas, y hacer una ofrenda floral a Nuestra Señora de la UEFA, y que nos disculpen los devotos, Virgen que bautizamos con ese sobrenombre porque se ve la Virgen, el Niño y una pelota (que alguien con buen chut, depositó allí para disfrute de futboleros ). Le dimos las gracias por la recién conseguida Eurocopa y le pedimos por la buena marcha de los fichajes de nuestros respectivos equipos.


A las 8 de la tarde aproximadamente, el lugar comienza a despertarse. Ya se van viendo aparecer a lugareños, turistas, propietarios de tiendas y restaurantes; y lo que era una Plaza al sol, se convierte en el centro neurálgico poco a poco.
Preguntamos y nos dicen: "es que aquí el calor es sofocante, no se puede parar en la calle, nos metemos en casa hasta que refresca, y no nos vamos hasta que no tenemos sueño.Así se explican los niños jugando en la calle hasta altas horas de la madrugada; los abuelos que en vez de tomar el sol, disfrutan de la luna, y el buen ambiente nocturno que hay allí.
Nos disponemos a cenar en un sitio típico. Nos parece bien algún restaurante que esté en el primer piso, y se vez la plaza, con la madera verde. Allí cenamos, y lo típico (riquisimo todo): Asadillo (una especie de pimentá de mi tierra, pimientos rojos asados, pero aderezados con comino, se toma frío), berenjenas almagreñas (aliñadas, con vinagre, pimentón, y yo que se qué más, pero pican y están fuertecitas), migas (buenisimas, con colesterol de alto standing y trozos de pan mareados en la sartén, muy distintas a las migas de Málaga, que son o de harina, o de pan, pero mucho más molido), gachas (típicas, con harina , y cosas ricas del cerdo, muy suaves), duelos y quebrantos ( como un revuelto de huevos con avíos de la matanza, exquisito), y más platillos que de cuyos nombres no puedo acordarme (a mi subconsciente le entra cargo de conciencia por "la pechá de comé" que me dí en esta escapada).





a la izquierda, las berenjenas y el asadillo


a la derecha, las migas


Y aquí llegan las gachas....

Tras esta cena tan "ligerita", nos fuimos a ver lo que habíamos venido a ver, una obra de teatro: "El Curioso Impertinente", por la compañía de Teatro Clásico. Estuvo muy, pero que muy bien. Obra inspirada en una cervantiada, muy bien interpretada, el patio del hospital San Juan estaba lleno, sin localidades. Una obra muy de la época y muy entretenida, de enredos cervantinos, de matrimonios de conveniencia,de honor, y de cuernos.

Al día siguiente, nos fuimos a ver castillos, que no molinos, pero eso, lo dejo para la próxima entrada.

jueves, 26 de junio de 2008

La escapadita a Tarifa

Como andaba vaga , vaguísima, y además, estaba libre el fin de semana, pues decidimos escaparnos a Tarifa. Vamos una vez al año como mínimo, y es un sitio que me encanta por muchas razones, y la única no es la playa, que es fantástica. Tiene algo que no sé explicar. No practico surf, pero me encanta ver los colores por el cielo, y los surfistas pegando saltos y haciendo piruetas. Nos fuimos el sábado por la mañana, temprano, pues el viernes no pudimos, y como era solo una noche y además se había incendiado una zona , pues este vez no hemos tirado de tienda de campaña, sino que lo primero que vimos para quedarnos, pues allí mismo.
Un poco de carretera, y enseguida llegamos allí (si vais desde Málaga, ni se os ocurra ir por la AP , pues nos hicieron la clavada del siglo, más de peaje que de gasolina, y eso que está cara).
Luego, nos dimos cuenta de que de fotos, nada de nada, pues la cámara se quedó en Málaga, así que pondré fotos de otras escapadas, y las explico, total, la duna sigue donde estaba.





África no se veía muy bien, pues con la bruma y sin las gafas, se veía algo borrosa, pero se adivinaban las montañas. Por la tarde se veía algo mejor, y los barcos cruzando el Estrecho.




Hacía levante, bueno, no, poniente, bueno, no, la palabra exacta es "la leche! la ventolera esta es redonda, no se sabe para donde va!", porque si nos poníamos en un sitio, nos daba el viento de cara, si nos poníamos en otro, el viento de cara, haciendo el pino, el viento de cara.
Pero me amarré la gorra con una cuerda para que no se me volara, y seguimos con el paseo. Tarifa es lo que tiene, viento, mucho viento. O os creíais que las tablas de surf y de kite iban a motor?






También fuimos a rezarle, como todos los años, al Jesús del Gran Poder versión gay, que es una pintura que está detrás de un cristal saliendo de la parte antigua, y aunque la foto no es muy buena, os la pongo para que le recéis tres Avemarías y dos Padrenuestros como está mandao. Me encanta y siempre que paso le rezo con devoción. Lo cierto es que no sale en guías, ni nadie le presta atención, pero a mi me gusta. De vez en cuando se ve a alguien tocando música al lado.







Cerca, muy cerca de Tarifa, está el pueblo de mi padre, Vejer de la Fra., que aunque en esta no nos hemos llegado, esto es lo que se ve desde lo alto de una de sus casas, es uno de los pueblos blancos, y un monumento en sí mismo. Es una delicia pasear por sus calles estrechas y blancas, fachadas recién encaladas siempre. Es un pueblo muy cuidado , y no lo digo porque yo tenga un poco de sangre de allí.


























Y en la playa de Bolonia, están las ruinas de Baelo Claudia, muy bien conservadas y en la playa, es una delicia pegarse un paseo, ver la gran duna , mirar a la orilla y luego mirar al otro lado y ver las ruinas romanas.



Pues esto es todo de momento, las fotos son de escapadas varias allí , la proxima intentaré acordarme de la cámara. Se me han quedado los bares de chillout, los tios practicando kite , los bunkers en la playa, el bar de Jose Luis con su revuelto de huevos, papas y jamon, las tiendas de ropa de niñatos, y muchas más que no caben .
He venido como nueva sin necesidad de coger días de vacaciones (me queda el mes intacto)