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jueves, 4 de junio de 2015

Explíqueme lo que me pasa, doctor.





Aunque cada vez menos , estas situaciones todavía pueden darse en nuestro ámbito de trabajo. Debemos tenerlas siempre presente , pensar y corregir errores. 

Este post es un ejercicio para la reflexión. No nos acomodemos en nuestras posiciones , seria frenar nuestro crecimiento. 











- Sus niveles de creatinina en sangre han subido desde la última vez que la vi en consulta, así como los de urea. Todo me hace sospechar que su adherencia a la dieta y al tratamiento que le recomendé hace dos meses no es la deseada. Si la situación se agrava , no quedará más alternativa que el tratamiento sustitutivo de la IRCT. 
Debe usted seguir todas las pautas o, de lo contrario, en breve, habrá que empezar este tratamiento. ¿ Me ha entendido? 

María miraba a su hija intentando adivinar en su rostro el significado de las palabras de su médico. Asentía mecánicamente con la cabeza mientras el doctor hablaba , pero lo cierto es que poco entendía. ¿ IRCT ? ¿ Qué era eso? Se daba por hecho que ella, una mujer de mediana edad que en su vida lo único que había hecho era parir hijos y cuidar de su marido, debía conocer lo que escondían esas siglas. 
Había acudido hacía diez días a la consulta simplemente porque le dolían un poco las extremidades, se le hinchaban las piernas y se sentía muy cansada, nada más; y nada menos. Hoy iba a recoger los resultados de los análisis. 
La dieta la hacía bien, creía . Había hecho a rajatabla , dentro de sus posibilidades, aquella dieta que le dieron en un papelito. Nada de sal, le echaba solo un poquito a las comidas para quitarle el mal sabor, eso no podía ser malo, solo una pizca de nada. Lo demás , como siempre, lo de los 40 gr de proteínas no era muy difícil hacerlo. Mas o menos un filete de pollo pesaba ya a la plancha , eso. Poca agua, así para evitar la sed se tomaba un zumo, que tenía más vitaminas. 
La pastilla de la tensión alguna vez que otra se le había olvidado tomarla a su hora, y ese día, como no sabía lo que hacer, le había preguntado a una vecina que le dijo que si le dolía la cabeza se la tomara, que si no, no. 
Así que con el convencimiento de que había hecho las cosas bien , salió de la consulta del brazo de su hija arrastrando los pies. 
No se atrevió a preguntar nada, a pesar de las dudas que tenía sobre todo. Era un buen medico, de eso no había duda, pero le infundía gran respeto, así que no quería ni parecer tonta ni molestarle, pues seguramente este hombre tendría cosas mas importantes que hacer que andar explicándole que era un IRCT y el tratamiento ese sustitutivo. 
Pidió cita en el mostrador y se marchó a casa.  

Esto es un ejemplo de una situación rocambolesca. El primero que se me ha venido a la mente. Podría haber puesto algún otro, consulta de enfermeria , de especialista , o relacionados. Todos somos susceptibles de caer en esos errores que detallo a continuación . 

A un lado de la mesa, el doctor, hablando en su jerga , casi incomprensible, una explicación de un diagnóstico basada en cifras y datos relevantes. Quizás si hubiera dicho : "María , debe tener cuidado a partir de ahora. Sus riñones están dejando de funcionar, y eso es peligroso". Así, sin paños calientes. Sabe que María es fuerte , una mujer que ha criado a cuatro hijos con el escaso sueldo de su marido, haciendo malabares para llegar a fin de mes. Hay que involucrarse e involucrar a la persona que está enfrente, hablar claro sin culpar a nadie, dando buenos consejos y pautas claras y fáciles de entender. 
- María, Lola : es duro cuando se habla de riñones que " se paran ". Así que vamos a elaborar un plan entre los tres. Es muy importante para vosotras y para mí que hayan entendido todo lo que he dicho. A ver, ¿ alguna duda ? Pensadlo el tiempo que sea, mientras voy buscando algunos menús que tengo por aquí y algunos truquitos para llevar mejor la dieta, que me parece que hay algo que falla. Lo de las pastillas, vamos a repasarlo ; me va a contar qué se toma , a que hora se las toma y para qué es cada cosa. Lola, ya que es usted la encargada de los cuidados, vamos a repasarlo los tres a ver si todo está correcto. 
Lenguaje más cercano, haciendo partícipe a la cuidadora principal, su hija. Unos minutos para que procesen la información , que es densa. Pueden haberse bloqueado por unos instantes y si se les da un respiro, podrán al menos no asumir a bote pronto la situación, pero sí entender y querer actuar en consecuencia. Un respiro y a elaborar un plan conjunto. 

Al otro lado de la mesa , María no se entera, y le da vergüenza admitirlo. Su hija todavía está pensando para qué sirve la creatinina. Ambas ven al medico como una figura poco asequible , inundada por el " respeto " a esa persona que ha estudiado un montón de años para estar donde está. Maria no tiene estudios, ni la categoría del doctor. ¿ Eso constituye una barrera? Si esa frontera entre medico y paciente no puede traspasarse, María seguirá creyendo que lo que hace está bien hecho y nada podrá evitar el desenlace. Seguirá preguntando  las dudas a las vecinas que , con buena intención, puede que le den malos consejos. 

Algo falla en esta historia. La clave está, como en muchas situaciones de la vida cotidiana y esta es una de las tantas, en la falta de diálogo, o más bien , en no adoptar un lenguaje común válido para ambas partes del equipo. Si, he dicho equipo. 

Cada vez menos se dan estas situaciones, pero no está de más recordarlas cada cierto tiempo. Como profesionales, es importantísimo , además de cifras, resultados de pruebas , etc , ponerse por un instante " en la piel del otro" , ¿ cómo me sentiría yo en su caso? Hay que investigar, toda información es poca, y cualquier cosa que a priori podría ser una tontería , casi siempre, a medio plazo o incluso a corto plazo, no lo es. Cuáles son los hábitos de nuestros pacientes , con quien viven , sus aficiones , qué les alegra, qué les entristece, meterse en sus vidas para ayudarles a tirar de las mismas. De nuevo el equipo , si , integrados en el equipo , no me gusta la expresión sanitario, dejémoslo en el equipo de salud, del que todos formamos parte:  profesionales , usuarios, cuidadores y hasta esas vecinas con sus consejos. 
Darles ese pequeño respiro para tomar impulso y preparase para la lucha si ha de llegar. 
Observar el lenguaje no verbal, importantísimo. 
Trucos , todos los posibles,  y positivismo incluso en situaciones no deseables. 

En definitiva, no nos comemos a nadie y en la cercanía podemos hacer mucho más que sentados detrás de la barrera. 




jueves, 20 de diciembre de 2012

Crónica de una muerte anunciada





Me acaba de llegar la noticia del posible cierre del centro de diálisis El Atabal, Unidad del Servicio de Nefrología del HRU Carlos Haya de Málaga . Siempre han  habido rumores, desde que trabajo en Málaga los estoy oyendo, pero tan fuertes como estos, nunca.





Para hacer un breve resumen, El Atabal no es un centro de diálisis extra hospitalario en si, es mucho más. Es una unidad más de las que integran el Servicio de Nefrologia del Hospital Carlos Haya; donde todos estamos en continuo contacto, tanto pacientes como profesionales. Se encuentra ubicado fuera del hospital , pero forma parte del mismo. El personal que atiende a los pacientes son trabajadores del hospital , se ha formado en el , sigue los mismos protocolos , actúa según el mismo proceso asistencial integrado, va a las mismas reuniones, el personal que rota por ambos es el mismo, los nefrólogos que hacen guardias son los mismos, que más se puede decir. 

Existen técnicas especiales de hemodiálisis que, aunque el centro es extra hospitalario, no hay centro concertado en Málaga que las proporcione a sus pacientes. Por estas razones, los pacientes del Atabal se dializan allí, al igual que los pacientes del hospital se dializan en el hospital. 
Por todos estos motivos, los usuarios del Atabal están comenzando sus movilizaciones,  para evitar el posible desmantelamiento del centro a favor de la gestión privada.
La Señora Gerente del hospital quiere  considerar este centro con iguales características que otros extra hospitalarios, para poder derivar pacientes a los próximos centros concertados que se abrirán en breve en Málaga. 
No me parece correcto que sean considerados por igual. Cada tipo de centro responde a unas expectativas y este en concreto responde a unas únicas expectativas para el tipo de pacientes usuario del mismo. Se podría decir que es un híbrido  entre atención hospitalaria y extra hospitalaria, por eso existe. Los usuarios no poseen características para dializarse en hospital como tampoco para dializarse en la Privada-Concertada.



Objetivo: reducir el gasto. 



El mismo de siempre. La Sanidad pública no genera ingresos, sólo gasto. Eso es de cajón. No producimos nada en el sentido económico del  término, producimos y preservamos algo mucho más importante: la salud de la población.
Por eso me indigno cuando oigo que la Sanidad no es rentable. ¡Claro que no lo es, Señora Gerente! ¿Que había usted pensado? No lo es si se considera un hospital público como una fábrica que hace automóviles, o como una cadena de hoteles en los que el usuario paga por recibir unos servicios. Pero estamos hablando de un Sistema Público, el sistema sanitario de nuestra comunidad. De unos usuarios que son crónicos, últimamente tratados por el Gobierno como apestados. Estos apestados  necesitan recibir la mejor atención posible. Todos somos o llegaremos a ser apestados en mayor o menor medida.
Recortes nos obligan a derivar pacientes de diálisis hospitalaria a otras unidades , entre ellas el Atabal. ¿Qué pasará entonces si desaparece? ¿Dónde irán los usuarios del Atabal y los que derivamos? No quiero ni pensarlo. Cada unidad tiene su misión, tanto en la pública como en la privada, y se están mezclando conceptos.



Se equivocan en recortar en lo básico, se equivocan en pensar que se pueden intercambiar roles, se equivocan , en definitiva,  en la gestión de la crisis. Es fácil gestionar en periodos de bonanza, pero en periodos de crisis hay que trabajar con mucho sentido común y consenso con los profesionales que entendemos del asunto para conseguir que los daños colaterales sean los mínimos. 
Se están tomando decisiones fundamentales sin contar con nadie, con premeditación y alevosía, y con una falta de sensatez pasmosa. A veces nos encontramos que ya es demasiado tarde para poder hacer nada, pero espero que esta vez se considere al grupo de personas formado por los usuarios y trabajadores del Servicio de Nefrologia del hospital Carlos Haya, ya que todos nos sentimos afectados por esta absurda decisión.



Sigo pensando en el maravilloso slogan de la marea blanca: 



La Sanidad no se vende , se defiende.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Marea blanca, marea verde

 Podría ser el título de un poema o de una canción. Para mi es un himno a la cordura. 


Hace algún tiempo se han unido a las protestas de la sociedad dos nuevos grupos, representan dos  pilares fundamentales del decadente estado del bienestar: los integrantes de la Sanidad y de la Educación.
Hay quienes piensan que estas protestas están fundamentadas por el egoísmo de unos colectivos que han perdido de un plumazo derechos adquiridos a lo largo del tiempo. 
No es esta la base de la reivindicación.
No queremos un sistema educativo con retroceso de cuarenta años. Con las reformas del sistema educativo se esta vulnerando el derecho global a la educación, condicionando el futuro del alumnado al nivel socioeconómico de sus familias. Recuerdo cuando era niña las clases de " permanencia" en el colegio público donde estudiaba en los 70, los que podían pagar esas clases de refuerzo gozaban del privilegio de una atención menos masificada. Eran actividades extra escolares pero dentro del programa. Quien no podía pagarlas se perdía clases que entraban en el temario. Con esto se realizaba una segregación del alumnado, el que podía pagar y el que no.
Se vuelve a esto. Se esta favoreciendo a la Enseñanza privada en detrimento de la pública. Con el aumento de ratios, la no contratación , la desaparición de puestos de trabajo, se esta desmantelando, pero siguen los conciertos con colegios que segregan al alumnado, desoyendo la Sentencia del Tribunal Supremo que prohibe esta segregación.
¿ dónde queremos ir a parar con todo esto?
En cuanto a Sanidad, se están empezando a privatizar hospitales , recortes en recursos materiales y humanos en la Pública, mermando una Sanidad Universal. Copagos, cierres de plantas, contratos al 75% . Lo que antes era un modelo a seguir, ahora ya no tanto. 
Nosotros, los funcionarios , si, los que últimamente estamos tan mal considerados, los que tenemos tanta " cara" que protestamos porque nos han quitado la paga extra, porque nos han aumentado el número de horas, los que gozamos de una cierta estabilidad laboral, nos quejamos. Ya era hora de que nos quejáramos . Llevamos tiempo viendo como poco a poco todo se va al garete, sacando fuerzas para seguir realizando nuestra labor lo mejor posible a pesar de los recortes, aguzando el ingenio para seguir dando la atención al usuario con los pocos medios de que disponemos, soportando miradas de personas que creen todo lo que leen en ciertos periódicos, o que ven en ciertas cadenas de TV, que dan la razón a nuestro gobierno, diciendo que el recorte es necesario, que otra cosa no se puede hacer, que hay que apretarse el cinturón.
Ya ha pasado casi un año y estas medidas no han dado el fruto deseado. Aumenta el paro, las familias tienen cada vez mas dificultades para subsistir. La economía no se recupera. No se ve la luz al final del túnel. Me da igual que  la deuda sea o no heredada. Pienso que un gobierno esta ahí para solucionar problemas, no para hundir más al país con estas medidas.
Ante todo esto me pregunto: ¿ para qué tanto esfuerzo? No soy economista. No se en que se basa la famosa prima de riesgo para subir o bajar, no se que factores intervienen en la credibilidad ante los mercados. ¿ Que son en realidad esa serie de entelequias? ¿ Un engaño? ¿ Un pretexto utilizado para justificar medidas efectuadas sin lógica?
Lo único que se es que cada vez más existen más impedimentos para realizar nuestra labor con un mínimo de calidad, y eso lo estamos sufriendo todos, no sólo los integrantes de las dos mareas, sino la totalidad de la población de este país.

Y seguiremos en la lucha hasta ver cualquier atisbo de sensatez en todo esto. 






lunes, 3 de diciembre de 2012

Permitirse el lujo de morir


Ismael Serrano a favor de la eutanasia con un precioso tema : “ Testamento vital” , me hace reflexionar sobre la dureza del momento de la muerte, y la difícil decisión de dejar marchar a nuestros seres queridos.



He convivido con  la experiencia de la muerte desde tantos puntos de vista, tantas situaciones distintas, que me es difícil recordarlas todas.  Desde  jóvenes que se van, muertes inesperadas en personas que estaban relativamente bien dentro de su enfermedad, hasta ancianos decrépitos pidiendo irse de este mundo a voces sin poderse ir por sí solos.
En la actualidad, existen tantos recursos que es difícil dar el paso hacia la otra o no otra vida, ya no es sólo someterse a un tratamiento más o menos agresivo, sino a pruebas diagnósticas durisimas que pueden, si, alargar la vida, descubrir la causa de un empeoramiento, añadir más tratamiento para que ese ser viva otro poco más, no importa en qué condiciones.
A veces, estamos tan empecinados en mantener con vida al individuo que nos olvidamos del significado de la palabra vida. No es vida el mantenerte atado a un montón de tubos cuando tu cuerpo ha dicho hace mucho basta ya.
En nuestra sociedad , puede que la palabra muerte signifique fracaso. Hemos fracasado en mantener a alguien vivo, hemos fracasado como hijos, al no saber cuidar a nuestros mayores, hemos fracasado como cuidadores, como maridos, como esposas... Pero al fin y al cabo morir algo tan natural como nacer, son dos experiencias por las que,  forzosamente, tenemos que pasar. Tantos matices religiosos, políticos, culturales...cada persona lo afronta de una manera. 
He tenido en mi carrera profesional demasiadas veces la experiencia de dializar a un "cadáver", una persona en sus últimos momentos, sabiendo que desde hace tiempo no se puede hacer nada, que lo que es un tratamiento, ahora es alargar el sufrimiento, una técnica agresiva de por si que se convierte en estos casos en un verdadero suplicio. Me he sentido como parte activa de ese "alargar el resuello", algo que no vale para nada pero a lo que, inevitablemente, no he podido negarme a hacer, ya que la decisión no era mía. "Hay que seguir con la técnica". He sentido que la única manera de ayudar a esa persona, a la que tal vez he tratado y he conversado muchas horas con ella, era no haciendo precisamente lo que estaba haciendo. También he respirado cuando esa persona no ha vuelto a su sesión, y me he alegrado por ella y por su familia que,  o no pudo tomar la decisión, que es difícil, o no supo muy bien que hacer en ese caso. Siempre hay esperanza. Cuando el que te toca es algo tuyo, por mucho que te digan, hay que tener la cabeza bien fría para mirarlo no desde el egoísmo de un hijo que no quiere quedarse sin su padre, o desde la ignorancia de alguien que piensa que esa persona se aferra a la vida cuando el resto ve que no es así. Por desgracia, tuve que tomar una decisión de este tipo una vez como hija, y me fue verdaderamente difícil decirle al medico: basta ya. Te invade luego un sentimiento de culpa, un "¿Y si me estoy equivocando?", pero con el tiempo te das cuenta de lo que has hecho es lo correcto.

 Que la noche no duela

Recuerdo un caso cuando trabajaba en Huelva. Una señora que hacia relativamente poco que había entrado en programa de hemodiálisis. Se fue deteriorando hasta tal punto que casi siempre estaba ingresada por una cosa o por otra. No salía del hospital. En uno de sus largos  ingresos , un día vino la hija, que ya era como de nuestra familia, a contarnos sus temores, cómo se sentía al tener a su madre allí tanto tiempo, con las analíticas de casi todas las mañanas, los traslados a rayos, la diálisis. Ella sabía perfectamente que su madre estaba mal, que le quedaba poco tiempo, y quería consultarnos que pasaría si se la llevaba a casa.
En estos casos tenemos que ser muy prudentes, pero en ocasiones las imprudencias pueden ayudar a alguien , y con esto me refiero a la madre tanto como a la hija, pues al fin y al cabo, ella seguiría con su vida. Le dimos ánimo tomara la decisión que tomara y, sobre todo, le hicimos ver que no debía sentirse culpable decidiera lo que decidiera.
Decidió llevársela a casa. Nos contó que su madre murió en su cama, rodeada de sus cosas, de sus nietos y bisnietos, y con una sonrisa en los labios. Sé que esa hija siempre recordaría a su madre con esa sonrisa, en lugar de recordarla dando el ultimo respiro en la cama de hospital con los brazos llenos de pinchazos y sufriendo lo indecible para morir. 
Vino a vernos pasado un tiempo a darnos las gracias.



Él ha abierto las ventanas, y ella se aleja sonriendo,
imagina mientras la tarde naranja va cayendo.


jueves, 8 de noviembre de 2012

Poco a poco... el caos


Ayer apareció en un tablón de anuncios que tenemos en el cuchitril donde desayunamos, cada vez menos personas,  una página de un periódico, donde un compañero que recientemente se ha quedado en paro hablaba sobre su situación y la de muchos otros enfermeros.


En otra comunidad, a la misma vez, cerraban un hospital de los de toda la vida, dando paso a una especie de Geriátrico que sí, que ya lo sabemos que hace falta, pero el resto de pacientes a los que se atendía allí deberán ir a otro centro a partir de ahora, así como el personal que seguro que sobrará.
Y nosotros allí desayunando, dando gracias por tener trabajo a pesar de las tijeras cada vez más afiladas de nuestros gobiernos, a pesar de los contratos basura, de las gestiones basura, de los materiales basura, y de la atención  basura de un gran centro de referencia en Andalucía.
¿Cuál sería la solución a todo esto? Las cabezas pensantes piden calma, poco a poco todo se arreglará, poco a poco volverá todo a la “normalidad”. Con el paso de los días, de los meses, vamos viendo que poco a poco van desapareciendo puestos de trabajo, que donde antes éramos tres, ahora no nos podemos permitir ese lujo, y quedamos dos. Pacientes para arriba y para abajo, sin saber si ese día les toca ser atendidos donde siempre o en “vete tú a saber” .
Poco a poco, los contratos que se renovaban casi automáticamente, ya no se renuevan, los que trabajaban a jornada completa , ahora lo hacen al 75%, los que esperan un contrato aunque sea del 75% , ahora resulta que es al 50%.... Y tragamos, y esperamos, poco  a poco…."No os enfadéis", nos dicen.
Nos enfadamos, nos crispamos, sobre todo cuando somos parte responsable de toda esta situación. Hemos hecho turnos extra desde nuestra “ responsabilidad” para no dejar un puesto descubierto, para que la atención al paciente no se viera menguada por la falta de personal. “ Urgente, necesito alguien que se quede esta tarde para cubrir una baja” , siempre dispuestos a colaborar, y siempre pidiéndonos un poquito más de colaboración, la pescadilla que se muerde la cola. Colaborando para que “ no se note” que falta alguien , que hay compañeros de baja de larga duración y que no han hecho contratos. Todo va bien, poco a poco vamos a la quiebra. Hemos colaborado, y mucho, para que nuestros compañeros de toda la vida ahora se encuentren en el paro, con sus hipotecas, haciendo números; gente muy válida que, haciendo mucha falta, están en sus casas esperando una llamada de teléfono que quizás les ofrezca un contrato de media jornada o de menos quizá,  por quince días.
Desde aquí les pido disculpas por haber participado en este desastre.
Vi las imágenes del Hospital de la Princesa en Madrid. Vi al personal sanitario hablando de la situación, a los pacientes que recibían tratamiento allí y que no volverían a ver a sus enfermeras, ni a sus médicos, ni a sus compañeros de fatiga, se los llevaban para otro sitio, quizás público, quizás concertado.
Seguramente a ellos, cuando el caos se estaba fraguando en los despachos, también les pidieron calma, les dijeron que no se enfadaran, que poco a poco se resolvería la situación. Pues la situación se ha resuelto y bien.

Finalidad: el ahorro, y se ha logrado a pesar de los pesares.




miércoles, 24 de octubre de 2012

Luces errantes




Tenemos la suerte de vivir en una relativa tranquilidad, nuestras casas, nuestras familias, nuestros trabajos o no trabajos. Si enfermamos, podemos ir al médico; si estamos angustiados, podemos salir a la calle a dar un paseo; si tenemos hambre, podemos comer.
Personas anónimas, de las que sólo conocemos su existencia a través de los telediarios, no gozan de esta suerte. Refugiados. Oímos esta palabra en las noticias y puede que meditemos durante un segundo, aunque la mayoría de las veces nos da igual, seguimos con nuestras vidas.
No he visto nunca un campo de refugiados, pero mis otros ojos si lo han visto en Dajla. Viven en una continua provisionalidad, sin saber si algún día podrán salir de allí, si su vida es esa o el destino les depara algo un poco mejor. Viven protegidos, eso sí, pero esto también es provisional. Nunca se sabe si atacarán y tendrán que marcharse.

He visto pueblos oprimidos en Tibet. Niños que juegan en la calle, con su hambre a cuestas. Juegan a juegos que hemos jugado nosotros de pequeños, no son tan distintos de nosotros. Agarran la cuerda de su cometa y sonríen. Te acercas a ellos y te regalan sus palabras entre risas inocentes. Les das una chocolatina y en vez de abrirla y comérsela la guardan para dársela a sus padres.
Entre tanta miseria poseen unos valores que nosotros, los del "mundo civilizado" hemos perdido hace muchísimos años.



Recuerdo haber estado jugando un buen rato con una niña en una aldea, en Dargen. La vi jugando y recordaba aquel juego cuando yo era una cría de ocho años. Me acerqué a ella y me puse a jugar con cinco piedrecitas a su lado. Cuando se dio cuenta de que jugábamos a lo mismo, me insinuó con una mirada que quería que jugáramos juntas. Estuvimos no sé cuanto tiempo jugando, pero se me pasó volando.
En medio de una aldea perdida en Tibet, jugando a un juego arcaico con una niña muerta de hambre.
Pensé en una especie de consultorio medico que estaban haciendo al lado, con escombros por todas partes porque no había más dinero. Deseé por un momento no volver a Málaga, quedarme allí a ayudar. Es una asignatura pendiente que tengo. Creo que ellos me darían más a mí que yo a ellos.

Luces errantes, pero no pierden las ganas de brillar. Aunque se los lleven los chinos a  hacer carreteras todos los días a golpe de metralleta, aunque la mayoría de los niños tengan quemaduras en las córneas a causa del sol a cinco mil metros, a pesar del hambre y la miseria  no dejan de sonreír.
Sé que nunca soltarán la cuerda de su cometa, ellos son mas fuertes que nosotros,  y puede que algún día el viento se convierta en una agradable brisa.

Esta canción de Ismael me ha traído todos estos recuerdos que, con el paso del tiempo, se iban relajando en mi memoria.


domingo, 7 de octubre de 2012

Trasplante renal: otro punto de vista

Estamos acostumbrados a leer noticias sobre trasplantes basadas en datos estadísticos, o en técnicas novedosas, a leer vivencias en primera persona de pacientes trasplantados.
 Pero ¿ cómo se ve desde fuera? Mi hospital esta situado en la zona puntera en cuanto a número de trasplantes realizados. El equipo multidisciplinar dedicado a ello es de los mejores que tenemos en nuestro país. Sigo pensando que publicitar todo esto no es suficiente. 
Aunque la mentalidad de la población ha cambiado en los últimos años, nunca es suficiente la información para seguir concienciando a la gente de  que donar órganos es importante. 
 Hace relativamente poco, unos diez días aproximadamente, se ha trasplantado una de nuestras pacientes de la sala, y quiero compartir esta experiencia desde el punto de vista de las personas que los cuidamos, que los sufrimos y que nos alegramos cuando a causa de recibir un órgano, dejan de formar parte de la " extraña familia" que formamos. 
 Este post va por esa chica, aunque puede estar dedicado a cualquiera.




 Era un viernes como otro viernes. El turno de tarde transcurría con toda la normalidad posible dentro del contexto. Ella salia de su sesión de diálisis como siempre, mareada. Su madre la esperaba fuera con la silla de ruedas y cara de preocupación, también como siempre. Nos veía salir de vez en cuando para coger material y nos preguntaba ¿ va todo bien?, y le informábamos de que su hija casi estaba lista. 
 Lo habitual. Tras la sesión, se iban a sus casas celebrando que tenían dos días por delante en lugar de uno para volver a sentarse en aquellos sillones. Muchos bromeaban con nosotros a la salida. " No vengo hasta el lunes, así que no me esperéis", a modo de pequeña despedida. Rutina para ellos; un día si y otro no; lunes, miércoles y viernes; y así años y años hasta que el cuerpo aguante. 
 La ultima vez que la dialicé no venía muy mal. Tenía, como todos, rachas mejores y rachas no tan buenas. En los años que llevaba con nosotros no nos había puesto una mala cara, ni nos había dicho una palabra fuera de tono. Hacía algunos días que la habían llamado para un trasplante, pero el riñón esa vez no fue para ella.
 Le pregunté, como de costumbre, que cómo estaba, si había presentado alguna complicación interdiálisis. Llevaba el brazo envuelto en un plástico, pues se trataba con crema anestésica antes de venir para que los pinchazos no fueran tan dolorosos. Era uno de los aspectos de su tratamiento que peor toleraba: los pinchazos. Llevaba ya tiempo sin catéter, pero no lograba acostumbrarse a las tremendas agujas que le teníamos que poner un día si y otro no.
 Era en algún sentido del tipo de pacientes que llamamos cariñosamente "rebelde guey" en cuanto a adherencia a la dieta, sobre todo a la restricción de líquidos. Eso le costaba. En temporadas, acumulaba gran cantidad de liquido entre sesión y sesión debido a esto, con el consiguiente riesgo que implicaba hacer la sesión mas agresiva para su organismo. 
Nos veíamos obligados a veces a "echarle la bronca", como a muchos otros, siempre desde el respeto y siempre por su seguridad y bienestar, aunque comprendíamos que en un verano ( o en un invierno, da igual) les tenia que resultar muy difícil beber menos de un litro de líquidos al día  A cada uno teníamos que decírselo de un modo, y a través de los años sabíamos perfectamente de qué forma. 
Cuando una de "mis broncas" resulta eficaz, suelo bromear con ellos y les pregunto: "¿ que te dije el otro día para que vengas hoy tan controlado? . Es para decirle lo mismo a mi hijo, que no estudia", y las risas correspondientes. La cuestión es quitarle hierro al asunto, pero ser tenaz. 
Hace dos sábados  empezando el turno de mañana, me enteré de que esta chica estaba recién trasplantada. "Por fin" pensé, sabiendo la falta que le hacía ese riñón. 
En cuanto pude fui a verla a la Unidad de trasplantes. Me vestí para la ocasión  con  la bata, gorro, mascarilla, guantes y demás parafernalias. Sólo se me veían los ojos, pero me reconoció enseguida. Ella estaba espectacular. La expresión de su cara había cambiado por completo desde la ultima vez que la vi salir en la silla de ruedas blanca como un papel. 
Lo primero que me dijo fue : "mira, mi tesoro", señalando  la bolsa de orina que colgaba de su cama llena a rebosar. Como dijo otra compañera que subió a verla más tarde: nunca me he alegrado tanto de ver una bolsa llena de orina, por muy escatológico que suene a los profanos en la materia. Eso quería decir que el injerto había empezado a funcionar casi desde el principio, y las esperanzas de que siguiera así eran buenas.
Me estuvo hablando de su odisea cuando la avisaron recién salida de la diálisis,  de lo nerviosa que se puso, de sus preocupaciones y sus miedos para afrontar la intervención. 
Me habló también de madre a madre, de sus hijas a las que, a causa de tener que ir tres tardes al hospital,   no podía atender a la hora de hacer los deberes con ellas, que ahora recuperaría el tiempo perdido. Estaba muy feliz. 
No pude darle dos besos , ni acercarme mucho a ella  a causa del aislamiento, pero se dio por besada y abrazada. 
Busqué por los pasillos de fuera a su madre, pero no la encontré en ese momento. 
Esta semana ya le habían dado el alta, y fue a la revisión post trasplante a la consulta, que se encuentra al lado de mi sala. 
Estaba guapísima, a pesar de la mascarilla que debía de llevar todavía. Entró en la sala de diálisis para vernos y sobre todo para que la viéramos,  pues ellos saben perfectamente que nos alegramos de verlos cuando se trasplantan. Venía con su madre, pero ahora la madre no la llevaba en silla de ruedas. Iba erguida, con un aspecto muy saludable y con un precioso brillo en la mirada, tanto ella como su madre. 
Ahora sí que hubo besos, abrazos, risas... Como si todos hubiésemos recibido con ella un trocito de ese riñón que un buen día, entre llantos, una familia anónima decidió donar para que alguien mejorara su calidad de vida. 

Esta es la visión de las personas que convivimos año tras año con pacientes en hemodiálisis. No es un estudio científico,  no son datos estadísticos,  no es una presentación magistral de una técnica con imágenes impactantes,  ni siquiera una vivencia... Son emociones que sentimos al ver a "uno de los nuestros" teniendo la oportunidad de poder vivir muchos años sin estar enganchado a una máquina. 
Puede que esta visión  como dice una amiga mía  sea algo "monjil", no esta basada en la evidencia científica , carece de rigor y demás, pero... aunque soy agnóstica por la gracia de Dios, si esto es ser "monjil", ¡vivan las monjas!

Va por todos ellos, mis sufridos  pacientes. 

martes, 11 de septiembre de 2012

Mis tres deseos

Siempre se ha dicho que uno antes de morirse tiene que tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro. Son tareas no muy complicadas. Tengo dos hijos, escribí hace años una novela de misterio (que nunca llegue a publicar, porque es malisima), y creo que cuando era pequeña fuimos con el colegio a reforestar algo en Huelva. 
Como no quiero morirme todavía, tendré que pensar en otras tres tareas , no vaya a ser 
Mas que tareas, son retos personales. Lo narraré a modo de cuento de Dickens. 

Mis tres deseos  ( o cosillas pendientes que puede que nunca haga)

Andaba yo terminando de organizar la sala para el siguiente turno. Papeles, analíticas, algo que escribir en el libro de incidencias... Eran cerca de las dos y media y tenia un hambre de perros.
Al ir a cambiar un monitor, me percaté de que detrás brillaba algo. Me ajuste las gafas ( que ese día, no se por que, llevaba puestas) , me acerqué y vi una tarjetita diminuta con algo escrito. Como tenia mucho polvo, sabría Dios desde cuando estaba allí detrás, soplé un poco para poder leer lo que decía.
"Te concedo tres deseos" 
En tiempos de pseudobudista, a veces pensaba en aquello de " no es mas feliz el que mas tiene, sino el que menos necesita". Tres deseos, pensé. ¿Y ahora que pido yo? Dinero, como que no;  trabajo, tengo de momento; salud, no hay que ser avaricioso; amor, estoy servida.
Pensé durante unos cinco segundos y voilá.
Mis tres deseos son:
- Un tío que me mantenga durante un año, algo que me gustaría probar antes de morirme
- Defraudar al Estado , pero no de cualquier manera, sino a lo grande, a lo Urdangarin.
- Ser un florero en el trabajo, pues siempre he pensado ¿como lo harán? al ver a algunos floreros que pululan por el hospital.

De pronto, me suena el móvil ultima generación.
- Cari, ¿te falta mucho? Sabes que es tu ultimo día y que hemos quedado a comer con Borja Mari y Señora.
- Voy cari -   le contesté -  enseguida bajo.
En la puerta me esperaba un Audi TT color champan , tapicería de lujo y un señor con un impresionante traje de Hermenegildo Zegna al volante.
- ¿Has actualizado las tarjetas?
- Si, todas a tu disposicion. Mañana salgo de viaje y no quiero que te falte nada.
Pensé que era un sueño. Nada de trabajar, tarjetas con barra libre, el Audi, y no quiero pensar en el chalet en Pinares de San Anton que tendría el cari. Mis mejores presagios se confirmaban.
Pasaban las semanas y cada vez me gustaba mas mi nueva vida. Gimnasio, la ecuatoriana que llevaba la casa  muy bien, mis hijos en los mejores internados de Estados Unidos. Amistades con la señora de Borja Mari, con Candela , cuyo esposo era un conocido concejal del PP. ¿Como no había descubierto esto antes?
A veces pensaba en el Hospital, en los recortes, en las 37'5 horas, pero ¿eso que tenia que ver ya conmigo?
Tenia a mi cari, bueno a mi cari lo veía mas bien poco o nada, siempre andaba por ahí de viaje, pero tenia las Visas de mi cari, que de cuando en vez me pagaban algún capricho que otro con algún universitario buenorro falto de pasta.
Vivía en una irrealidad. Falsas amistades, falsos hobbies, falsos caris.... Al cabo del tiempo sentía tal hastío que me tiré a la botella ( no a la de Aznar, sino a la de Chivas 12 años). Entre coma etílico y coma etílico, pensaba en el Hospital, en mis antiguos compis, que nunca mas vería, en los pacientes, incluso en Rajoy y sus recortes. Fue cuando me di cuenta de lo mal que estaba. Habia tocado fondo.
Podia meterme coca, abusar de los psicotropos, ser socia del club mas pijo de la ciudad... ¿Pero acordarme de Rajoy? Eso nunca.
Me acosté en mi gran cama de diseño japones una buena noche, sola y amargada, pensando que tal vez tendría la suerte de no despertarme al día siguiente.

De nuevo el maldito teléfono, esta vez era de un conocido periódico.
- Buenos días, quisiéramos corroborar cierta información que nos ha llegado a la redacción.
- No se de que me habla - respondí con cierto desasosiego  y colgué.
Tendría que andar con sumo cuidado. Si se destapaba el asunto, iban a rodar cabezas, entre otras la mía.
Habíamos montado una red de cursos financiados con subvenciones algo atípicas; favor por favor; y el negocio estaba despegando. El dinero lo tenia a buen recaudo en una cuenta numerada en Gibraltar, por eso no había por que preocuparse, pero si alguien se iba de la lengua, tendríamos problemas.
Hice una llamada, no me esta permitido publicar a quien.
- Lo que acordamos sigue en pie, ¿no?
- Ha surgido un contratiempo, debemos meter en el ajo a otra persona mas, ya te diré mas adelante , pero es alguien muy bien relacionado con el tema.
- No jodas. Acordamos en un principio dejar la sociedad cerrada, para evitar filtraciones.
- Ya ha habido filtraciones, ahora lo que hay que hacer es poner dinero para que no se salga de madre; créeme  que estoy atado de pies y manos.
- Mira, te he hecho ganar muchísimo dinero, así que no me vengas ahora con estas tonterías. Lo acordado, acordado queda. Lo de los cursos es solo una tapadera y lo sabes.
- En este negocio todos ganamos dinero, así que no  me cuentes milongas. Los altos cargos quieren a esta persona metida en el negocio y punto.
Esto era extorsión, había que tragar por donde fuera a fin de que no se descubriera el pastel, y la guinda ya asomaba por la prensa amarilla. Podíamos ir todos a la cárcel o algo peor, perder nuestra reputación y dejar para siempre el negocio. O eramos unos novatos o esto funcionaba así, como una tela de araña que iba atrapando a todo el que se ponía a tiro.
Con lo bien que estaba yo antes, Dios mio.
Pensé en dejarlo todo. Eso iba a hacer. Llamaría de nuevo a mi socio y le diría que lo dejaba todo, que no me importaba perder el dinero.
- ¿Lo has pensado ya? sabía que cambiarías de opinión.
- No, lo dejo.
- ¿Como que lo dejas? Eso es imposible. No puedes dejarlo. Atente a las consecuencias. Si hay en esto alguna cabeza de turco, serás tu y solo tú. Ya se encargaran los abogados de prepararlo todo para que así sea.
Hay que tener mucho estomago y muy pocos escrúpulos para meterse en este mundillo. No hay reparos en poner zancadillas, ni en amenazar gratuitamente. No sabía lo que hacer. Si seguía, tenia que tragar con las condiciones, que suponían pasar de negocio fraudulento a mafia. Si lo dejaba, me habrían arruinado la vida para siempre. Algún hilo se me había escapado en el montaje de la trama , y ahora pagaba yo solita las consecuencias.
Me arreglé , cogí la moto y me fui a dar una vuelta....

- Compañeros, hoy me voy yo antes, que tengo cosas que hacer.
- Como casi siempre - respondieron ellos al unisono.
Vivía bien, sin complicaciones. El madrugar se me daba regular, aunque como ya estaban acostumbrados, ellos empezaban sin esperarme, lo cual tenia sus ventajas, ya que cuando llegaba, estaba ya casi todo preparado.
Era un florero de hospital. Nunca me alteraba por nada, nunca tenia un mal turno; para eso estaban mis compañeros.
Intentaba que no se me notara mucho. Es un arte hacer como el que trabaja pero sin hacer nada. Llevaba años de practica.
- Voy un momentito al sindicato a preguntar una cosa - decía cuando veía que la cosa se estaba poniendo fea. Allí esperaba si había cola, y si no, iba a la calle a comprar tabaco, la cosa era hacer tiempo.
¿ Sábados? Nunca. Siempre había algún pardillo/a a quien engañar.

En la sala procuraba atrasar lo mas posible el trabajo, pues siempre habría alguien que echara una mano. Problemas los mínimos. Nada de involucrarse. Se echan las 7 horas, y para casa.
Era rutinario, pero no me importaba. Era mi trabajo, que no me gustaba, pero que me daba para comer y vivir medio en condiciones.
Veía al resto preocuparse por los pacientes, y por la situación, haciendo esfuerzos sobrehumanos a veces para mejorar la calidad de la atención y pensaba : ¿ que necesidad tengo yo de pegarme estas palizas, si total , voy a cobrar lo mismo haciendo lo que hago?
Nunca sonreía. Bueno, solo sonreía cuando llegaba la hora de irme.
Mis compañeros y mis pacientes si tenían una cierta complicidad. Siempre andaban gastando bromas, quedando para ir de cañas, inventándose cosas... Si no contaban conmigo, no hacia falta, yo estaba a otro nivel, el del escaqueo.
Llego un buen día en el que me harté de esta vida. Pedí la cuenta, como suele decirse, y me quedé en mi casa viendo el "Sálvame".
No hubo despedidas, ni siquiera una tarta. Ha pasado un año y nadie me recuerda ya en el hospital. Solo he engrosado un poco mas la lista de "floreros sin nombre" que por allí pasaron, pero no me importa ( o eso creo) ...

Moraleja : Virgencita virgencita, que me quede como estoy 











lunes, 12 de abril de 2010

Donde caben dos , caben tres, y cuatro y cinco...



Quiero ser un Playmobil. Si, quiero caber por donde sea.

Después de mucho tiempo con el blog en off, la ocasión lo merece, al menos, eso pienso.

Llevamos una temporada de crisis, crisis económica, crisis de material, de personal, y sobre todo, crisis de espacio.

Veo la tele y sale el famoso anuncio de Ikea "donde caben dos, caben tres". ¡ Qué equivocados están, y qué poco aprovechan el sitio! ¿Sólo tres? Me pregunto que harían los de Ikea en mi particular sala. Seguro que bajaría muchos puntos en el ranking. No hay cabida para tres, si me apuran , para unos doscientos.

En los últimos meses, todos estamos a dieta. Tenemos que perder volumen como sea, o no cabemos en la sala.

Ayer por la tarde, estábamos todos allí trabajando, pacientes, mesas, camas, celadores con sus sillas, las maquinas de dialisis, los carros de material, ah! se me olvidaban los cuartitos secretos de Diogenes, que tambien ocupan espacio.

En total, fantastico pisito de 40 metros, con espacio util de unos 10 (es un poner, porque no me he parado a medir, de eso se encargan los de riesgos laborales)

De pronto, miré a mi derecha y un monitor de dialisis con la paciente conectada, me di cuenta porque noté su pie en mi rodilla; miré a mi izquierda y una cama en posicion totalmente anatomica y comoda (es decir, separada de la pared, puesta en oblicuo, y casi enmedio de la sala) me di cuenta porque me dí con la barandilla en la cadera.

Miré al frente, y en realidad no nada. Me sumergí en una abstraccion. Imaginé que estaba en plena guerra civil, a las barricadas, yo, escondida detrás de los sacos y los escombros, que en realidad era dos o tres mesas de pacientes que me protegían de las balas de los nacionales, a lo lejos los divisé con sus caballos, en realidad eran los celadores con los carritos que venian a por los pacientes que ya estaban listos.

Ruido, mucho ruido, oia las bombas caer, y explotar, cuando en realidad, los que estabamos a punto de explotar eramos todas las personas que nos encontrabamos en medio de ese maremagnum.

¡Qué bonita es la enfermería! decía un antiguo compañero mio cuando las cosas se ponían en ese nivel de surrealismo.
Una vez me dijo alguien profano en la materia que visitó la sala de dialisis que aquello parecía un almacen de personas. Mirandolo bien, es cierto, de alguna manera se asemeja a ubicaciones pequeñitas con una pesona correctamente etiquetada y colocada estancadamente en su lugar, rodeada de maquinas, cables, tubos y demas parafenalia que solemos tener en nuestros hospitales.
Me dí cuenta entonces que los profesionales que alli trabajamos podemos caer facilmente en tratar a nuestos pacientes como "productos de almacen", deshumanizando nuestra atencion.
Muchas veces he oido eso de "fui al medico y no me miro ni a la cara, solo miraba los papeles y la pantalla del ordenador"
No debemos caer en esto aunque las circunstancias nos lleven.
Imaginaré que somos todos clicks de Playmobil y que nos sobra el espacio, para poder introducirme entre los huecos para poder atender correctamente al "click paciente" sin necesidad de usar la frase "quitate tu pa ponerme yo".

miércoles, 18 de marzo de 2009

Pues yo no lo entiendo...


Mi abuela decía que "qué tendrá que ver el tocino con la velocidad" o "la gimnasia con la magnesia"; pues ahora habrá que decir "qué tendrá que ver un peque con un lince", ¿lo habrá pedido para reyes?, por eso debemos proteger su vida, digo yo, por si el lince cuando se canse de jugar con el peque empiece a arañar o a morder.

¿Y el desarrollo del embarazo de arriba que quiere decir?, ¿Y qué tiene que ver con el peque y con el lince?

En fin, cosas del clero, "con la Iglesia hemos topao". Ya estamos acostumbrados a ideas como "el condon no protege del SIDA" , o "Educacion para la Ciudadania crea delincuentes", "el matrimonio de personas del mismo sexo no se llama matrimonio", yo ya los leo y pienso que van totalmente a su bola, como suele decirse.

Hace muchisimos años que no voy a misa, desde que dejaron de obligarme a ir, mis hijos nunca han ido a un colegio religioso, ni quiera Dios; he pagado religiosamente mi cuota de hacienda al clero, hasta que me di cuenta que esa cruz era para dejarle dinero a la Iglesia Catolica, y la dejé de poner. No he apostatado porque existen numerosas trabas de todo tipo para hacerlo, pero me considero apostata de corazón.

No recuerdo en mis tiempos de creyente obligada ideas dichas tan a la ligera y desde la ignorancia. Recuerdo más bien al cura leyendo las escrituras, rezando el padrenuestro y diciendo la homilía , citando al infierno y al cielo, al pecado y a la virtud.

Si era buen cura, se ocupaba de los niños pobres, pues eso va con la persona, no con la religion.

Ahora se meten en politica, en educacion, en salud, hasta en el futbol se meten.

Respeto su religion, y todas las religiones, pero de ahi a dejar que me impongan sus criterios, pues no.

Así que dejemos al lince en paz, y a los niños en paz. Que cada uno haga lo que crea convieniente hacer, dentro de la legalidad. Sigamos estudiando educacion para la ciudadanía, asistiendo a bodas entre personas del mismo sexo, usando condón, haciendo el testamento vital y abortando dentro de la ley.

Al Cesar lo que es del Cesar , y al Papa lo que es del Papa.


lunes, 2 de marzo de 2009

El paciente de la 376

EL PACIENTE DE LA 376. CASO REAL .
(relato hallado por casualidad en el grupo La Pipa)

HECHO REAL
(Ring, ring, ring)
- Hospital Xeral de Lugo bos días.
- Si, Buenos días, quisiera hablar con alguien que me de información sobre un paciente que está internado.
- ¿De qué paciente se trata?
- Se llama Antonio Comesaña Otero y está en la habitación 376.
- Un momento, le paso a enfermería.
- Buenos días, habla la enfermera Luisa Casal, ¿en qué puedo ayudarle?
- Quisiera saber las condiciones clínicas del paciente Antonio Comesaña Otero de la habitación 376, por favor.
- Un minuto que voy a localizar al médico de guardia.
- Buenos días, habla el doctor Quirós, ¿en qué puedo ayudarlo?
- Verá doctor, quisiera que me informasen sobre el estado de salud de Antonio Comesaña Otero de la habitación 376.
- A ver, un minuto que consulto la ficha del paciente.
- Bueno, gracias
- Aquí está. Veamos, hoy se alimentó bien, la presión y el pulso se mantienen estables y está respondiendo bien a la medicación por lo que mañana le retiraremos el monitor cardíaco, si continua en esta línea le daremos el alta en dos o tres días.
- ¡Muchas gracias doctor, no sabe usted la buena noticia que acaba de darme! ¡Joder que alegría! - Me alegro hombre, ¿quién es? ¿Su padre?
- No, no, que va, yo soy Antonio Comesaña Otero y estoy llamando desde la habitación 376, lo que pasa es que aquí todo el mundo entra y sale del cuarto cuando le sale de la polla, parece que hablan entre ustedes en chino y a mí ni Dios me dice un carallo.
A mí me ha parecido buenisimo, y además, me ha hecho ver que mientras que los profesionales de la salud damos por hecho o sabido algo, el que está en la cama, o a la espera de pruebas, o por confirmar un diagnostico; no tiene ni idea de qué narices se le habla, si es que nos dirigimos a él verdaderamente.
Oigo (cada vez menos) a pacientes decir: "el medico (o la enfermera) ni me miró, solamente miraba la pantalla mientras decía frases que yo no he entendido".
El contacto cara a cara es muy importante, con un simple gesto, o manera de poner las manos podemos dar a las personas a las que dirigimos nuestra atención mucha más tranquilidad y seguridad que diciendo mirando levemente y sin sonreir : "Sr X; las pruebas diagnosticas relaizadas han dado negativo, por lo que el jucio clinico hecho a priori no concuerda con su diagnostico real".
Si a mí, enfermera que soy y creo que experimentada, si estoy en la consulta de cualquier medico, nerviosisima, dandole vueltas a la cabeza y esperando un resultado de alguna prueba, me resulta dificil de digerir tantisima parafernalia, pues no quiero ni imaginarme lo que se le vendría encima a cualquier persona ajena a la materia.
Para mí, y es lo que pongo en práctica cada día , es mucho más eficaz coger de la mano o simplemente mirarle a los ojos con una sonrisa (depende del grado de confianza) y decir: pues nada, a seguir así de bien, porque está usted como una rosa, o sea, que seguiremos cumpliendo años hacia atrás . Lo más problable es que además al paciente (me encanta esa palabra en el sentido de la paciencia del santo Job) le arranque sin querer una sonrisa y la proxima vez que sea vea en un aprieto sematico venga a buscarme para que le saque de dudas.
Espero que os haya hecho reflexionar como a mí.

jueves, 12 de febrero de 2009

Sobre vidas y muertes dignas



Podría haber comenzado por algún articulo de algún periódico, algun debate politico, legal o incluso mediático, pero he preferido comenzar por algo surrealista, o metafórico, para hablar de la muerte. Mi respeto por ella me obliga a poner el maximo cuidado en mis palabras.
Todos nacemos y todos morimos, podemos saber en sentido cientifico en qué consiste morir, o en sentido religioso, es hablar por hablar; los unicos que saben a ciencia cierta qué es morir, ya han muerto y no pueden contarnoslo.
Me hallo en un grupo de personas que están en contacto con la muerte, he presenciado todo tipo de muertes, y a la vez todo tipo de vidas. Ahora está de moda el calificativo "digna" aplicada a la vida o a la muerte.

Digno: Correspondiente, proporcionado al mérito y condición de alguien o algo.

Esta es una de las apreciaciones que hace la RAE del calificativo "digno".
Pero, ¿quien valora la proporcionalidad? Lo que es digno para mí puede ser indigno para otro.
Por suerte o por desgracia , en mi profesion he visto varias formas de aceptar o no a la muerte.
He visto a personas que no acaban su partida de ajedrez, que luchan, que elaboran nuevas estrategias para no perder el juego; otras que, teniendo piezas todavía sobre el tablero, se cansan, y tiran la toalla, pero cada uno es libre de vivir su agonía de modo subjetivo, cada persona es libre de pensar sobre su propia muerte, de lamentarse o no, de luchar o no...siempre ha sido así; a cada uno de nosotros nos llegará la hora cuando nos tenga que llegar.
La tecnica ha avanzado tanto, que a veces la linea que separa la vida y la muerte se vuelve tan borrosa que no la intuimos. Personas muertas agarradas a un respirador, o a un monitor de hemodialisis, o a un sinfin de pruebas diagnosticas, de medicos, de enfermeras, de camas de hospital ; a veces ese señor vestido de negro ha ganado la partida de ajedrez hace mucho rato, pero no nos hemos dado cuenta. Los de fuera no nos hemos dado cuenta, y seguimos moviendo las piezas del tablero, creyendo que el jugador que está enfrente se ha quedado dormido, o no las puede mover por cansancio, y seguimos moviendo piezas por el de manera errática, sabiendo que la partida está ya decidida, pero no nos han educado para perder partidas, sino para ganar a toda costa.
He visto casos, recuerdo una vez, en el hospital, dos maneras de morir distintas, una persona con sedación, pues no había nada más que hacer por ella, salvo aliviarle el dolor; en la habitacion de enfrente, otra persona moribunda a la que le estaban realizando una puncion lumbar que nunca entendí su finalidad; tuve que atender a los dos casos, sin poder hacer nada por salvar la vida (o la muerte), de ninguno de los dos. Lo unico que pude objetivar en esa situacion fue que una persona hacía gestos de dolor y la otra no. ¿Se podría decir que una muerte fue más digna que la otra? Me guardo mi opinión, aunque puede adivinarse. Pero, ¿quienes somos para opinar sobre algo tan serio?
Teólogos, jueces, politicos, personas de la calle, sanitarios, actores, todo el mundo opina, a veces demasiado libremente sobre maneras mas o menos dignas de vivir o morir. Yo solo puedo decir que respeto cada opinion de los que mueren. Nadie sabe lo que pasa, nadie sabe lo que se piensa en la ultima hora. Solo lo saben los contrincantes del señor de negro en la partida de ajedrez.

domingo, 26 de octubre de 2008

Esta crisis...



Ultimamente solo se oye crisis, y crisis, y más crisis.
Tras un breve periodo de sequía literaria, me decido a retomar el blog con el tema candente: la crisis.
¿Crisis?, ¿Qué crisis?. Dicen que financiera, dicen que virtual o sobre el papel, dicen que real o exagerada. Creo que hay un poco de todo, y eso se refleja en la rutina diaria, entre otras cosas, en el trabajo.
La expresión más oída en los últimos tiempos: "no hay". No hay material, no hay personal, no hay tiempo, no hay ganas.
No estoy dispuesta a que la crisis me coma, a dejarme llevar por la marabunta de gente que , amparadas en la crisis, encuentran un parapeto perfecto para seguir sin hacer nada. "No hay, y no voy a hacer nada para que haya". Es lo que oímos en la tele, en la radio, en conversaciones.
Los políticos vaticinan la peor de las crisis, los bancos se hunden entre hipotecas impagadas, las personas lloran sus fracasos en sus chalés de varios millones de deuda.
Los "nuevos ricos" dejan paso a los "nuevos pobres", que deben de sacar a sus hijos de los colegios de pago para mezclarlos con el populacho, que deben de guardar los mercedes en los garajes y coger el coche de su señora esposa, la cual debe abandonar la excedencia para retomar su trabajo, atrás quedan las sesiones de pilates, el té de las cinco con las amigas y luego pasearse por la mejores tiendas, tirando de tarjeta, el club de golf, la sociedad cerrada al pueblo, abierta sólo para la élite.
Es la crisis, que hace mella tanto en unos como en otros. Ellos no tienen la habilidad ni la imaginacion de los pobres, ni su ingenio, no han ejercitado sus neuronas para sobrevivir a las vacas flacas.
En el hospital, sí, crisis, contratos que cesan , y que no renuevan, como si la crisis derivara también en un descenso del numero de usuarios, como si el IBEX 35 afectara al grado de salud de la comunidad.
Sí, la crisis, la temida crisis. Debemos acostumbrarnos a las vacas flacas tambien nosotros, no escudarnos en la crisis para no solucionar problemas. Trabajar con ahinco y aguzar el ingenio. Los mejores inventos vinieron en tiempos de crisis.
Ahora, por desgracia, vendrá el paro, los contratos más basura si cabe, la incertidumbre. Yo me pregunto con cargo de conciencia si esta situacion en concreto no la hemos propiciado nosotros mismos. Nos han ofrecido doblar turnos, a cambio de más días libres, pues "no había enfermeros para un momento puntual", hemos pasado el verano haciendo turnos extra; ahora pretenden no hacer contratos , sólo los precisos. Opino que algo de responsabilidad tenemos en esta situación. Me incluyo, y me pesa haber doblado turnos este verano, pero el mal ya está hecho, me ha servido de experiencia para saber qué es lo que no debo volver a hacer. Veo a mis compañeros que cesan en sus contratos y me siento en parte responsable, y desde aquí les pido disculpas.
Tengo claras dos cosas: trabajar lo mejor que pueda con los medios de que dispongo, y no propiciar el paro con mis actos.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Aqui no cabemos.

Nunca me he parado pensar hasta ahora cómo sería trabajar con el mínimo de espacio establecido. Lo relataré en clave de humor, pues mi lema es no perderlo.



Es la manera más gráfica que se me ha ocurrido de plantearlo, pues he estado hoy toda la mañana acordándome del camarote de los hermanos Marx
Comienzo por el principio para mejor entendimiento de los profanos en la materia.
Un día normal y corriente, por la mañana, al comenzar el turno, pongamos 8 de la mañana.
Trabajo en una sala de dialisis un tanto peculiar, diseñada en su momento con buen criterio (según los libros de historia), pero hace muchisimos años.
Y allí entramos, asomando primero la cabeza por la sala con los pantalones remangados por si hoy ha habido inundación, y me parece que hoy no ha habido, teniendo en cuenta que en todas y cada una de las tomas de agua de los monitores de diálisis hay un pequeño (de momento me parecen pequeños) recipiente que recoge gotita a gotita el agua que sale poco a poco por los antiguos grifos que todavía están cerrados.
Vamos tomando conciencia de dónde nos encontramos, en una sala vacía en la que debemos de prepararlo todo para recibir a nuestros pacientes (creo que la palabra paciente viene de paciencia).
Y llegan algunos en silla de ruedas, y se va animando la cosa, donde cabían tres personas una al lado de la otra, ahora ya solo caben dos, y si el paciente en cuestión debe atravesar la sala para acomodarse en su puesto de dialisis, pues empieza el caos circulatorio, aunque todavía se puede sobrellevar. "Señorita, pase, pase, aquí es "(y las camareras entran al camarote)
Siguen llegando, hasta todos ocupar su puesto.
Ahora viene el segundo numero, con todos en sus puestos, aderezados con una buena sesion de pitidos de los monitores, de dos biombos que parecen a veces que tienen vida propia, y otras veces que no obedecen la orden de moverse (o sea, las ruedas no van, o se atascan).
Y ahora, donde cabíamos dos personas , cabe solo una. "Señorita, pase, pase, es aquí" (y la manicura entra al camarote).
A veces, si en esos momentos cruciales en que sólo se oyen pitidos y algún que otro "echa p'allá" discretamente, llega alguien ajeno a la Unidad, pues simplemente, sucede como en el camarote famoso, que no cabemos pero todos necesitamos estar allí por alguna razón.
A la hora de desconectar a los pacientes es todavía peor. A todo esto se unen el cubo de la basura esperando para poder entrar, el teléfono que no para, los "¿me queda mucho?, "¿ya me toca?" de los pacientes, los conductores de las ambulancias que a veces suben, y los centímetros de espacio que ese día, como viene siendo habitual, se ha comido algún ser extracorporeo que pulula por allí.
A mí ultimamente, esto me tiene un tanto preocupada. ¿estaré mas gorda? Creo que he cogido algunos kilos en las vacaciones, como 150 o así, pues cada vez quepo menos por allí.
Hoy me he chocado con todo: con las mesitas, con las sillas de ruedas, con las maquinas de dialisis, con las papeleras, con las camas, con mis compañeros, con todo practicamente. Y es que voy a tener que ponerme a dieta para dar el perfil, perder unos 30 Kg y poder trabajar con amplitud, pues está la cosa muy mal, como si las paredes encogieran (¿habéis visto "La habitación de Fermat?); y también debo ir a clase de yoga para ser más elastica, rozando el contorsionismo, pues a veces ponemos unas posturas imposibles para poder movernos por allí. Mi compañera dice que formamos un tetris, y está en lo cierto.
Así que los que trabajáis con espacio valorarlo, pues no se sabe lo que es el espacio hasta que se pierde; y yo ahora, pues a pegarme mi carrera por el paseo maritimo, para poder caber en la sala mañana.

miércoles, 16 de julio de 2008

Por fin las vacaciones

Vista del Mediterráneo

Podría decirse que hoy me voy de vacaciones, me he despedido de mis novatillos, de mis compis de todo el año, de mis pacientes de siempre, y he amenazado con volver el 1 de agosto.
Vacaciones. Pues a todos se les pasará por la cabeza sol y playa, hoteles, relax, no hacer nada, en lo que suele entretenerse la gente "normal" en sus vacaciones.
Pues yo, por llevar la contraria, quiero dedicar estos 15 días (el resto lo he dejado para navidades, que ya está una mayor para luego trabajar un año entero seguido) a estudiar a fondo.
Estudiar para mi recuperación del día 3 y echarle un cable a mi adolescente de 13 años con 5 para septiembre, que se examina el 1 y el 2.
Pues esas son mis vacaciones.
Podréis pensar: "esta tía está como una cabra". Yo no pienso así. Me pongo en la terraza y me inspiro, paso la mañana entre papelotes. Luego, por la tarde, después de comer, bajo un ratito a la playa, con los Yonatan y sus madres, para reírme un rato, y si puede ser, leer el libro del mes, que este mes es "La dama Azul", y luego, para relajarse otro poco, nadar unos largos que viene muy bien para la espalda, y al día siguiente vuelta a empezar.
Si me sale alguna escapadita, pues la haremos , que no falte.
¡ Que dura es la vida de estudiante!
Así que los que empiecen sus vacaciones ahora que las disfruten, y los que no, que disfruten también.